UN PAÍS MÁS INCLUYENTE

Hace falta una sociedad comprometida consigo. Hace falta un país más incluyente y participativo, que acerque a la gente a los servicios y que mueva la economía para promover desarrollo real. Lograr un desarrollo económico sostenible requiere de un compromiso de todos los sectores con la creación de riqueza y… con una justa distribución.

La pasada semana, el presidente Danilo Medina, en sus palabras frente a la Cámara Americana de Comercio, planteó lo que toca decir a un presidente: que si bien se ha avanzado no podemos dejar detrás al 44% de la población que sigue en vulnerabilidad. En ese discurso, el que todavía nos entusiasma, está su visión de país en la que el Estado es el catalizador del desarrollo; y el sector privado, el motor económico. En palabras sencillas, el presidente nos recuerda que el crecimiento tiene que tener un objetivo que trascienda las cifras y el sentido de acumulación de riqueza. Invitó al sector privado a una alianza para fortalecer la clase media.

Entiendo que en esa propuesta hay implícito un cambio de modelo. Habló del rol del sector privado en la mejoría de esas condiciones y la necesidad de reconcebir las relaciones público-privadas. Puso en la mesa el sector eléctrico, planteando los sacrificios que encarna superar un modelo de generación que ha resultado excesivamente caro e ineficiente. También abordó el tema de la propiedad de la tierra y la necesidad de lograr mayor capacidad adquisitiva a través de la titulación de quienes están condenados a la irregularidad de sus hogares y probablemente a la pobreza. La necesidad de fortalecer el área turística, resolver los problemas de la seguridad social, las debilidades institucionales con que contamos y que son limitantes para que los dominicanos puedan elevar su calidad de vida.

Hace bien el presidente en abordar estos temas con responsabilidad y con respuestas de calidad. Ese es el Danilo Medina que conocí y del cual se espera un liderazgo que no se deje acorralar por las urgencias de lo inmanente, ni con las prisas de lo electoral. Ése es el presidente que se ganó el apoyo de sectores que se habían desesperanzado. Su liderazgo tiene que volcarse con más decisión a hacer lo que nunca se ha hecho.

Sin embargo, todos los esfuerzos estatales serían en vano si no se cuenta con una respuesta empresarial comprometida. Una que entienda que no se trata solo del clientelismo empresarial y rentista, y que es necesario hacer frente a los retos sociales en conjunto. El sector empresarial debe aportar, en la medida en que no está solo para demandar del Estado.

Ante el deterioro que parece amenazar el país, es tiempo de hacer un alto y entender la gran oportunidad de superar las viejas prácticas que nos han limitado el desarrollo. Ahora, sin dejar a nadie fuera, corresponde jugar el rol que hace tiempo debimos haber jugado. El país requiere de un compromiso de todos los sectores para mejorar la administración de justicia, los servicios públicos, la energía eléctrica, el transporte, la propiedad, y hacer crecer la clase media; esa fuerza productiva que ha sido el motor de tantos cambios.

Un país incluyente no parece ser un deseo, sino un mandato. Qué bien que alguien de mayor relevancia lo toma seriamente en su discurso y acción. ¡Bien por el presidente!

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

Cuando pedimos más competitividad ¿Qué entendemos?

Ligia Bonetti, presidenta de la Asociación de Industrias, señaló ante el Senado que pese a que se han pactado acciones para apoyar a los sectores productivos, los problemas estructurales siguen ahí, “guiados por un modelo económico que prioriza el endeudamiento, los sectores de servicios y las importaciones versus la producción”.

El cierto que el país registra un déficit comercial con la mayoría de sus socios, y también es cierto que el DR-CAFTA no ha sido aprovechado en todo su potencial, y que poco se ha logrado en lo que concierne al aumento de las exportaciones. Tal como argumentó la economía dominicana presenta un “panorama difuso”, ante su dependencia de flujos inestables de remesas, inversión y préstamos, el reducido crecimiento e las exportaciones en términos reales, porque a pesar del incremento promedio del PIB en un 6% durante 2005-2012, y según afirmó, la industria, redujo su participación en el PIB de un 32% en 2004 a un 23% en 2013.

Los sectores empresariales están en una cruzada pidiendo medidas para aumentar la competitividad. Destacándose las variables como son: el grado de sobrevaloración o subvaloración del tipo de cambio, los niveles de sus tasas de interés, existencia abundante de recursos naturales, mano de obra barata, política gubernamental en general y/o en ciertas actividades específicas, cercanía con los mercados, leyes proteccionistas, y que los socios comerciales estén en crecimiento. Y tienen razón en señalar esos elementos como claves para la competitividad del país.

Ninguna nación es competitiva de manera generalizada, es decir, nunca es competitiva en todo. Las naciones, según Michael Porter, registran condiciones competitivas, sólo en algunos sectores, en los cuales tienen éxito exportador y muestran condiciones dinámicas de productividad y eficiencia. ¿Qué estamos pidiendo cuando pedimos aumentar nuestras ventajas competitivas?

Explícitamente se pide un cambio en el modelo económico. Y se señala al Estado como el responsable de la falta de competitividad y a las políticas públicas como generadores de las ineficiencias. Sin embargo, no suelen destacar la propia capacidad empresarial de crear valor a partir de mejor gerencia, innovación, y vocación de riesgo. Tampoco es común citar que RD es uno de los países con menor presión tributaria, ni suele plantearse una mejora y pleno funcionamiento de la Seguridad Social como herramientas que lejos de restar competitividad, la fortalecerían.

En estos días, por ejemplo, se ha hecho mucho énfasis en la reforma al Código Laboral. Los sectores empresariales genuinamente se sorprenden ante la poca receptividad que en la población tienen sus argumentos. Al parecer, cuando el sector empresarial pide un aumento de la competitividad, la población intuye que falta algo y que sobra algo. Falta distribución de la riqueza y falta entereza en resolverlo.

Si la población ve en el concepto “competitividad” una herramienta para aumentar la desigualdad no puede haber sorpresa ante la indiferencia de la población. Y tómese nota, no se resuelve con estrategias de comunicación. La competitividad tiene que darse en el marco de un pacto social.

Cuando pedimos más competitividad ¿Qué entendemos?