LAS 10 PROPUESTAS DE FERNANDO CAPELLÁN

En el país todos somos expertos en dos “pes”: pelota y política. A la tercera –p-, que es la más importante (progreso), le estamos dedicando menos tiempo y energía de la que debería. Vale la pena tomarse en serio las pocas propuestas que de cuando en vez aparecen en el escenario nacional, precisamente por lo raro que resulta. Fernando Capellán, hace algunos días, compartió a través de las redes diez propuestas para mejorar la competitividad.

De entrada, dos son muy polémicas: la reforma al código de trabajo y el cambio en la política cambiaria. Una de las diez tiene mucha resistencia política, a pesar de reconocerse ampliamente la necesidad de fomentar un mercado eficiente y competitivo en el sector de transporte terrestre de carga. Algunas otras son de índole institucional y educativa, y probablemente necesiten más creatividad que recursos. Hay otras que están más dentro del ámbito de la focalización; es decir, que pocos se atreverían a decir que son difíciles o innecesarias, como la reforma al servicio exterior, el empoderamiento de la mesa de exportación y la aplicación de los informes de desarrollo y de la ley. Y, finalmente, la que el empresario considera la más importante: salir de la zona de confort.

Deberíamos debatir cada una de las propuestas. La competitividad no es un tema banal, ni pasajero. El cambio de modelo económico, sugerido hace más de una época por el empresario don José León, hoy se ha convertido en un imperativo, dadas las circunstancias estructurales de nuestra economía y la disonancia con los mercados externos que se muestran inestables. Los paradigmas económicos (no importa la ideología) han sido probados de alguna manera, y todos se antojan insuficientes para los retos que un mundo cambiante exige. Vale el esfuerzo de que, aún sea de forma superficial, incorporemos en nuestro repertorio de “pes” el progreso como centro del debate nacional.

Si seguimos siendo expertos en dos “pes”, atrapados en un conformismo por los pírricos avances que alcanzamos en algún indicador económico o social, y debatiendo todo como si el tema público fuera exclusivamente electoral, puede que el espejo de otros países (Venezuela, Puerto Rico, Brasil, Grecia, Portugal) nos refleje lo peor de nosotros mismos y se haga tarde para lamentos. Hasta ahora, hemos sorteado con gran efectividad muchos retos, pero no hemos resuelto los problemas estructurales; necesarios para enfrentar el futuro cercano.

No nos ha ido del todo mal, pero debería indignarnos que hayamos permitido que algo peor que el pesimismo haya inundado nuestras fibras nacionales; me refiero al conformismo, a pensar que lo que tenemos ya está bien, que estamos en una zona de confort, que será un espacio del cual no nos movemos, pero que no tiene nada de cómodo, ni confortable; peor aún, ni siquiera seguirá siendo sostenible.

Vale disponerse sin prejuicios a profundizar las propuestas para construir nuestro futuro. Salir de la zona de confort empieza con derrotar una idea que parece prevalecer: dominicano que piensa, a su país traiciona. Hay que disponerse a pensar juntos.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

UN PAÍS MÁS INCLUYENTE

Hace falta una sociedad comprometida consigo. Hace falta un país más incluyente y participativo, que acerque a la gente a los servicios y que mueva la economía para promover desarrollo real. Lograr un desarrollo económico sostenible requiere de un compromiso de todos los sectores con la creación de riqueza y… con una justa distribución.

La pasada semana, el presidente Danilo Medina, en sus palabras frente a la Cámara Americana de Comercio, planteó lo que toca decir a un presidente: que si bien se ha avanzado no podemos dejar detrás al 44% de la población que sigue en vulnerabilidad. En ese discurso, el que todavía nos entusiasma, está su visión de país en la que el Estado es el catalizador del desarrollo; y el sector privado, el motor económico. En palabras sencillas, el presidente nos recuerda que el crecimiento tiene que tener un objetivo que trascienda las cifras y el sentido de acumulación de riqueza. Invitó al sector privado a una alianza para fortalecer la clase media.

Entiendo que en esa propuesta hay implícito un cambio de modelo. Habló del rol del sector privado en la mejoría de esas condiciones y la necesidad de reconcebir las relaciones público-privadas. Puso en la mesa el sector eléctrico, planteando los sacrificios que encarna superar un modelo de generación que ha resultado excesivamente caro e ineficiente. También abordó el tema de la propiedad de la tierra y la necesidad de lograr mayor capacidad adquisitiva a través de la titulación de quienes están condenados a la irregularidad de sus hogares y probablemente a la pobreza. La necesidad de fortalecer el área turística, resolver los problemas de la seguridad social, las debilidades institucionales con que contamos y que son limitantes para que los dominicanos puedan elevar su calidad de vida.

Hace bien el presidente en abordar estos temas con responsabilidad y con respuestas de calidad. Ese es el Danilo Medina que conocí y del cual se espera un liderazgo que no se deje acorralar por las urgencias de lo inmanente, ni con las prisas de lo electoral. Ése es el presidente que se ganó el apoyo de sectores que se habían desesperanzado. Su liderazgo tiene que volcarse con más decisión a hacer lo que nunca se ha hecho.

Sin embargo, todos los esfuerzos estatales serían en vano si no se cuenta con una respuesta empresarial comprometida. Una que entienda que no se trata solo del clientelismo empresarial y rentista, y que es necesario hacer frente a los retos sociales en conjunto. El sector empresarial debe aportar, en la medida en que no está solo para demandar del Estado.

Ante el deterioro que parece amenazar el país, es tiempo de hacer un alto y entender la gran oportunidad de superar las viejas prácticas que nos han limitado el desarrollo. Ahora, sin dejar a nadie fuera, corresponde jugar el rol que hace tiempo debimos haber jugado. El país requiere de un compromiso de todos los sectores para mejorar la administración de justicia, los servicios públicos, la energía eléctrica, el transporte, la propiedad, y hacer crecer la clase media; esa fuerza productiva que ha sido el motor de tantos cambios.

Un país incluyente no parece ser un deseo, sino un mandato. Qué bien que alguien de mayor relevancia lo toma seriamente en su discurso y acción. ¡Bien por el presidente!

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

CUBA NO AMENAZA LAS EXPORTACIONES DOMINICANAS

Recientemente el gobierno cubano y el norteamericano anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Se avizora que los más de cincuenta años de embargo, producto de las expropiaciones no compensadas a empresas norteamericanas, llegarán pronto a su fin. Anuncio real y palpable, lo primero; expectativa, lo segundo. Las relaciones diplomáticas son una decisión administrativa del gobierno americano; lo segundo necesita de la derogación de una ley.

En nuestro país, el anuncio ha generado muchas expectativas; varias negativas. Algunos, por ejemplo, reaccionan con temor, con un tono de preocupación, con un gesto de “se los dije” basados en la cercanía de Cuba a los EE. UU. y los innegables niveles educativos alcanzados por ese país. Así, asumen que RD perderá participación en los mercados americanos. ¿Esas preocupaciones estarán respondiendo a meras conjeturas o hay estimaciones del posible impacto en el comercio y turismo dominicano?

Muchos de los retos de la economía cubana no pueden ser atribuidos exclusivamente al embargo. Cuba tiene un PIB per cápita similar al de RD, pero su IDH es superior al de RD, y una población similar a la de nuestro país (algo más de 11 millones de habitantes). 98% de cobertura escolar, mientras que nosotros apenas estamos empezando a importantizar la educación con un mayor gasto; pero Cuba tiene grandes retos en materia competitiva. RD, por ejemplo, duplica las exportaciones cubanas, y en materia de turismo, Cuba recibe dos millones de turistas anuales, cuando la RD recibe esa cantidad sólo en Punta Cana. Siempre hemos competido en los mismos mercados, porque el único mercado vedado a Cuba, y que sí tiene RD, es el americano. Desde hace décadas, la Unión Europea y Canadá han mantenido relaciones de inversión y comerciales con la isla de gobierno socialista, al igual que RD.

¿Habrá creación o desvío de comercio cuando el embargo americano cese? Eso dependerá de qué tan rápido puede el sector productivo cubano lograr niveles de competitividad para adaptarse al mercado norteamericano. Al tiempo que sería importante saber a ciencia cierta en qué condiciones podría atraer nuevas inversiones. El tema central en esas relaciones no es el embargo, sino cuáles reformas estructurales se producirán en Cuba.

El embargo tardará un buen rato en levantarse y todavía un rato más en mostrar si hay creación o desviación de comercio; tanto por las dificultades de la política doméstica de los EE. UU. como por las complejidades de un acuerdo comercial necesario, que partirá de qué tanto se lesionó la economía cubana y qué tanto fueron penalizadas las empresas norteamericanas con las expropiaciones. Es razonable pensar que el camino de las negociaciones entre EE. UU. y Cuba es todavía muy largo.

La normalización de las relaciones cubano-americanas terminará creando comercio para todo el Caribe, que también ha sido afectado por el embargo (por ejemplo con la dificultad de pagos a través de bancos corresponsales americanos), ofreciendo nuevas oportunidades para RD. Nuestras exportaciones no están amenazadas por la apertura de EE. UU. a Cuba. El desafío, con embargo a Cuba o sin él, es atender las muy poco discutidas reformas estructurales que ya van siendo impostergables.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

El CONEP y la desigualdad

Está de moda, sin dudas. Eso de hablar de la desigualdad es muy trendy en las economías desarrolladas y en las economías wannabe, como la nuestra. Está de moda y es novedad en las economías más desarrolladas pues la percepción de la crisis se prolongó más de lo esperado, y porque hay ebullición política y social que pone en jaque el statu quo. En economías como la dominicana está de moda gracias a la influencia de autores como Piketty y de los diarios internacionales; gente importante habla del tema, pero no es novedad. En RD se ha dicho varias veces, y de distinta manera, que a pesar del crecimiento del PIB en 50 años es relativamente poco lo que se ha avanzado en materia de desigualdad. Así, para los países ricos será moda y novedad, pero para nosotros es moda… de nuevo.

Lo que sí es muy novedoso aquí y allá es que representantes de las clases más pudientes se preocupen del tema. Por ejemplo, en EE. UU., fue impactante que Bill Gates entrara en el debate; y en nuestro país, que el nuevo presidente del CONEP, Rafael Blanco Canto, acusara a la clase política de ser la responsable de la mala distribución del ingreso. No sé si tanto aquí como allá se tratase de miedo o conciencia, pero sí sé que es muy novedoso que gente no especializada en el asunto se haga eco de una verdad: la desigualdad existe, duele y es vergonzoso ser el responsable de ella. ¿Se atreverán a debatirlo seriamente?

Antes de poner algunas apostillas a las afirmaciones de Blanco Canto, quizá vale la pena decir clara y simplemente que le sobra razón. Es a la clase política a quien le toca resolver mediante los mecanismos democráticos el problema de una muy mala distribución del ingreso. Eso no tiene ni un más ni un menos. Es simplemente verdad.

Sin embargo, también valdría la pena, tomando las mismas declaraciones del presidente del CONEP, reflexionar mirando el espejo de Grecia, España, Portugal y los mismos Estados Unidos sobre qué cosas pueden hacerse, cuáles no conviene que se hagan y quién paga el almuerzo; que ya sabemos que nunca es gratuito. Así, no basta con señalar a los políticos como culpables.

Si no queremos políticos populistas que se monten en la realidad devastadora, es importante que entendamos que hay que mejorar el gasto – tal como dijo Blanco Canto-, pero también hay que aumentarlo; y para aumentarlo hay que debatir quienes son los que van a pagar más impuestos.

También debemos conversar, profunda y abiertamente, cómo con el marco legal vigente vamos a atender salarios promedios tan bajos en los niveles básicos, medios y medio-altos, porque es importante comprender que allí radica la mala distribución del ingreso; en nuestro país se pagan muy malos salarios. Tampoco deberíamos dejar de lado las ineficiencias de la seguridad social, tanto en el aspecto salud como en el de pensiones, y evaluar qué puede hacer el empresariado para mejorarla.

Ya que el CONEP puso el tema en debate, no lo dejen caer; es importante, muy importante.

Cuando pedimos más competitividad ¿Qué entendemos?

Ligia Bonetti, presidenta de la Asociación de Industrias, señaló ante el Senado que pese a que se han pactado acciones para apoyar a los sectores productivos, los problemas estructurales siguen ahí, “guiados por un modelo económico que prioriza el endeudamiento, los sectores de servicios y las importaciones versus la producción”.

El cierto que el país registra un déficit comercial con la mayoría de sus socios, y también es cierto que el DR-CAFTA no ha sido aprovechado en todo su potencial, y que poco se ha logrado en lo que concierne al aumento de las exportaciones. Tal como argumentó la economía dominicana presenta un “panorama difuso”, ante su dependencia de flujos inestables de remesas, inversión y préstamos, el reducido crecimiento e las exportaciones en términos reales, porque a pesar del incremento promedio del PIB en un 6% durante 2005-2012, y según afirmó, la industria, redujo su participación en el PIB de un 32% en 2004 a un 23% en 2013.

Los sectores empresariales están en una cruzada pidiendo medidas para aumentar la competitividad. Destacándose las variables como son: el grado de sobrevaloración o subvaloración del tipo de cambio, los niveles de sus tasas de interés, existencia abundante de recursos naturales, mano de obra barata, política gubernamental en general y/o en ciertas actividades específicas, cercanía con los mercados, leyes proteccionistas, y que los socios comerciales estén en crecimiento. Y tienen razón en señalar esos elementos como claves para la competitividad del país.

Ninguna nación es competitiva de manera generalizada, es decir, nunca es competitiva en todo. Las naciones, según Michael Porter, registran condiciones competitivas, sólo en algunos sectores, en los cuales tienen éxito exportador y muestran condiciones dinámicas de productividad y eficiencia. ¿Qué estamos pidiendo cuando pedimos aumentar nuestras ventajas competitivas?

Explícitamente se pide un cambio en el modelo económico. Y se señala al Estado como el responsable de la falta de competitividad y a las políticas públicas como generadores de las ineficiencias. Sin embargo, no suelen destacar la propia capacidad empresarial de crear valor a partir de mejor gerencia, innovación, y vocación de riesgo. Tampoco es común citar que RD es uno de los países con menor presión tributaria, ni suele plantearse una mejora y pleno funcionamiento de la Seguridad Social como herramientas que lejos de restar competitividad, la fortalecerían.

En estos días, por ejemplo, se ha hecho mucho énfasis en la reforma al Código Laboral. Los sectores empresariales genuinamente se sorprenden ante la poca receptividad que en la población tienen sus argumentos. Al parecer, cuando el sector empresarial pide un aumento de la competitividad, la población intuye que falta algo y que sobra algo. Falta distribución de la riqueza y falta entereza en resolverlo.

Si la población ve en el concepto “competitividad” una herramienta para aumentar la desigualdad no puede haber sorpresa ante la indiferencia de la población. Y tómese nota, no se resuelve con estrategias de comunicación. La competitividad tiene que darse en el marco de un pacto social.

Cuando pedimos más competitividad ¿Qué entendemos?