LA DERECHA DESNUDA

Por José Manuel Guzmán Ibarra

 

La derecha dominicana admite ser nacionalista y no tiene ningún reparo en establecer críticas a la democracia; se distancia con énfasis de la izquierda marxista, desconociendo incluso a sus héroes y mártires, sin importar los aportes que esos sacrificios pudieran haber significado para la libertad en la República Dominicana. Niegan también la tradición liberal del dominico Montesinos, Duarte y Luperón. Para los de derecha, lo relevante de Duarte es que nos separó de los haitianos, sus ideas antiracistas, de justicia y libertad, no es algo que suelan citar.

Igualmente, hacen alarde de su proteccionismo económico en el que no cabe la idea de inserción internacional, y las políticas comerciales deben colindar con sus planes de desarrollo nacional. Defienden las empresas locales, pero exclusivamente regidas por la intervención del Estado. Las leyes de mercado deben supeditarse a los designios políticos de un partido único.

Es parte de su identidad, destacar la cultura dominicana, inventando un pasado cuasi mítico para contraponerla “a las influencias externas”, como si el merengue típico fuera posible sin el acordeón alemán. Su discurso en defensa de la dominicanidad se centra exclusivamente en valores que ellos llaman patrióticos, y de forma enfática niegan toda otra tradición de religiosidad no católica, dejando de lado el sincretismo y todo vínculo con la herencia africana, al tiempo que desprecian ahora más tímidamente -por razones tácticas- a otras denominaciones cristianas.

Tienen una muy poco cuidada animosidad contra personas de otra nacionalidad, especialmente si son haitianas. Se cuidan mucho -eso sí- de usar términos racistas, pero desde que hay expresiones que buscan fortalecer parte del legado africano, sea en la forma de llevar el pelo, la ropa u otras manifestaciones culturales, por más genuinamente dominicanas que sean, las tildan de “haitianizantes”. En lo formal, se niegan a ser catalogados de racistas; su actitud, sin embargo, no es la de condenar las manifestaciones discriminatorias. Al contrario, no aceptan, por liberales, toda ley que busque corregir, castigar o enmendar la discriminación.

Algunos de los elementos de la desnuda y muy coherente derecha dominicana pueden ser comunes para el espectro de otras geografías ideológicas. Sin embargo, tener todas juntas las hace ser por definición una ideología nazi; como ocurre con la ideología nacional- católica española, la fascista italiana de Mussolini o la de Perón en Argentina, la del Partido Dominicano de Trujillo o la nacionalsocialista de la Alemania de Hitler. Y esto por descripción, no por ser peyorativos.

El término “Nazi” devino en un término peyorativo por alguna razón, y reaccionan emocionalmente al concepto; no quieren que los describan como tales, a pesar de que es muy fácil demostrar que tienen todos sus elementos, pues incluso del pangermanismo y el antisemitismo tienen sus equivalentes caribeños. No les molesta tener todas esas características. Les preocupa que les pongan nombre. El término, vale recordar, resultó ser peyorativo porque no sólo fue una ideología derrotada militarmente, sino también moralmente. No sólo es vergonzoso que te llamen nazi; serlo también denota vergüenza.
La derecha dominicana busca recuperar la hegemonía de antaño. Es una derecha de añoranzas por un pasado que sólo tuvo esplendor para una élite, y no así para el país. Citan paradójicamente a Whitman, que representa todo lo contrario a lo que ellos impulsan. Aquel que dijo: “Yo soy Walt Whitman… un cosmos”. Idea, la de ser un cosmos, que parece perturbar mucho a la derecha dominicana, tanto o más que la idea misma de libertad.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

UN PLAN DE CONFUSIONES

“No creo en la meigas, pero haberlas haylas”. (No creo en las brujas, pero de que existen, existen) reza un viejo dicho gallego. Lo mismo puedo decir de la derecha dominicana, no existe, pero de que están, están. Aunque al igual que las “meigas”, su poder se limita a las palabras y los hechizos, no deja de ser escalofriante ver cómo con sus pases mágicos llevan a medio país a repetir cuanta cosa destemplada pueda ocurrírseles decir, sin importar veracidad o alcance. Y no de ahora, si no desde hace décadas.

La derecha dominicana existe: se inventa causas, propicia sentencias, exagera y trata de tener presencia en cuanto espacio de medios de masas les sean propicios. Su objetivo: hacer ver al gobierno dominicano como el responsable de todos los males para destruir la popularidad del presidente, el mismo que les ha desmontado todo el poder al que están acostumbrados.

La lucha contra el narcotráfico, la denuncia de la corrupción y el nacionalismo extremo son sus ejes, su plataforma, su coartada. Sin embargo, por coherentes que parezcan a lo largo de las décadas la falta de consistencia ante hechos equiparables y su selectividad dependiendo de quién se beneficia o a quién perjudica un determinado hecho hace dudar de que esos ejes respondan mayormente a una visión ideológica sincera y más al voraz apetito de poder e intereses que les ha caracterizado. Se creen con derechos nobiliarios adquiridos.

Al salir del gobierno, la derecha organizada pasó a la oposición a denunciar lo que antes toleró. Su preocupación nacionalista tiene límites, su conveniencia. Su interés por el bien común pasa primero por su propio y muy mercurial interés. Su legado, basado en el odio, augura guerras. Sus propuestas son los de los muros de contención aunque se dinamiten los puentes del entendimiento. Su acción es cobarde, aunque bien orquestada. Producen y ejecutan, en una extraña industria de sinsentidos, un complejo plan de confusiones.

Tal es así, que han llevado al gobierno a lidiar con situaciones graves, generadas en otros poderes del Estado, sobre los cuales tiene poca o ninguna influencia. En la política lo que no se ve siempre ha sido más importante que lo que se ve pero nunca, en la historia reciente del país, esta especie de maleficio había sido tan grosero. Nada de lo que se ve es importante. Lo único importante son las redes informales entre esa derecha, dirigentes del PLD que le veneran como faro ideológico, la oposición formal y algunos sectores en medios de comunicación.

Si para ello tienen que confundir: convirtiendo una sentencia en un acto patriótico; u otra, espuria, en un alegría; o haciendo el increíble escape de dos reos en una falla del gobierno y no de la justicia, como si no hubiera separación de poderes; es algo por lo que no sienten prurito alguno. Lo que está en juego, en este plan de confusiones, no es un resultado electoral, si no la estabilidad y continuidad de la democracia. La derecha no tiene objetivos electorales, ya no se conforma con poco, lo quiere todo.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.