A mis 45 años (casa de fantasmas)

En primer lugar excusas por no haber respondido por esta vía las muestras de cariño y las felicitaciones. Estuve de viaje, y aunque conectado a las redes (más inmediatistas) no estuve tanto acceso al correo electrónico.
A seguidas mi agradecimiento sincero y una reflexión.

Cumplí 45 años. Suficientes para ir poniendo en orden ideas, gustos, costumbres, potencialidades y limitaciones. Es, creo, lo que le llaman madurez. Un proceso más que un estadío. Un camino que se reconoce, más que una estación a la que llega. Estoy casi seguro que a algunos, muchos no sé, les llega sin especiales anuncios, sin hitos reconocibles e incluso, sé que a algunos les puede llegar muy temprano, como a algunos puede llegarles nunca. En la madurez, se tiene certeza del acopio que hemos podido tener, y no digo en términos materiales, sino en términos más intangibles. No quita, e incluso con suerte pone, que el proceso de aprendizaje continúe.
Y ciertamente, el reconocer la madurez no ha sido particularmente en éste año. Sin embargo, las pruebas, los retos, la tensión sí que ha sido particularmente dura en el último año.
Como saben hace pocas semanas cambiaron mi jefe. Hay un nuevo Administrador General en el banco.
El saliente, orientado a una visión (¿Generacional?) de política diferente a mi visión, fue la prueba más dura que he pasado en toda mi vida. Los conflictos además de ser generacionales (él llegó a decir que también ideológicos) académicos y profesionales, fueron de tal intensidad y magnitud que estoy seguro que sólo pudieron sobrellevarse porque había reconocido años ha el proceso de madurez. No obstante eso tuve que plantearme cuan solidas eran muchas de mis herramientas, mucho de mi sistema de ideas y valores. Creo que superé la prueba.
La madurez no significa que estamos exentos de sorpresas. Asoman y asaltan…y a diferencia de la juventud, asoman y asaltan las sorpresas de forma más delicadas y profundas. Vi, en el proceso, elementos que antes no había ejercitado, quizá por no haberlo necesitado. Entre ellas: paciencia, calculo, e introspección.
En el último tramo del año. Ya habiéndose superado la peor parte, al ocurrir el cambio, tuve que modificar mi plan de vacaciones. El mismo consistía en viajar para tomar un curso corto, y al tiempo ofrecerles a mis pequeños, y a mi esposa cursos. Siempre he pensado que el turismo es para tontos pero el viajar es para aventureros y la mayor aventura es la del conocimiento…y la de los sentidos. Al darse el anuncio, yo tuve información un poco privilegiada, tuve que suspender el viaje, dar la bienvenida al nuevo jefe…el tema ¿Debería mi familia continuar con el plan solos, hasta que yo pudiera sumarme? Justo es lo que hicimos, con la idea de que en una semana, máximo, podríamos continuar con el plan original. Sin embargo, y por razones que no viene a cuento, el proceso se hizo mucho muy largo. Eso significó en términos prácticos, que por casi 21 días estuvimos en una jornada laboral de retos y estrés, regresando a una casa, que no se parecía a un hogar, y que a ratos se convertía en una oficina (no sólo por traer trabajo a casa) por la falta de vida. Las casas solitarias las habitan los fantasmas.
Muchos fantasmas que tuve que enfrentar sólo. Mi esposa con retos propios, no me dio un “update” del viaje…sino un ”reality”…y hacia el esfuerzo por pasarme las cosas más gratificantes de su no menos retadora experiencia. Quizá no lo saben, y bien podrían seguir viviendo sin saberlo, pero desde el día que ella tuvo un accidente de esos que dejan huella, como los de los Heraldos Negros de César Vallejo, y que me pidió que me quedara con ella, hace ya 13 años, jamás habíamos pasado más de 4 días separados. Y de mis hijos nunca había pasado yo más de una semana sin verlos. Es posible que no sepan, e igual no es tan difícil que sigan viviendo sin saberlo, que nunca habíamos tenido que atender los muchachos sin la ayuda del otro (jeejej esa experiencia sigo sin tenerla, digo en estos términos…) Así que para ella fue duro, durísimo, tener que enfrentar a dos varones, inquietos y con sensibilidades diferentes, cuestionadores…y siendo, hasta algún punto crueles, al reclamar la cocina (me siento bien de que en ésta lista no tengo que explicar porque soy yo el que cocino en mi casa) de papá, y las comparaciones –el chantaje existe incluso en los menores de edad- entre cómo lo manejaría papá y cómo lo manejaba mamá….en fin, por más esfuerzo que hacía ella de no poner cargas a mí ya difícil proceso ella desahogaba esos momentos en que uno se pregunta ¿Por qué diablos me dio con tener hijos?… cosa que entiendo y he tenido yo mismo, pero en el caso de su relación con nuestro hijo mayor, me mortifica y duele ver cómo pueden dos personas quedarse enganchadas en querer tensar su mutua atención. Gran aprendizaje para ella…
Gran aprendizaje para mí…que no podía hacer mucho, que tenía que lidiar con mis cosas, también sin pasarlas o pasándoselas a lo mínimo. Quizá no logro transmitir, y en eso, si han seguido leyendo, tienen mucha suerte, toda la penumbra que puede ser estar en un proceso exigente, en un casa habitada por fantasmas. No todo estuvo tan mal…fui mucho al cine.
En todo caso, pude identificar algo, puedo vivir sólo, incluso en condiciones desérticas. Y aprendí algo más fuerte aún…que bueno que me pude casar con esa persona. Qué bueno que tuve los hijos que tengo. Al final de la jornada que les cuento pude saber que el deber: cuidar tu trabajo, hacerlo bien, cuidar tu esquema de valores pero moviéndonos y enfrentándonos a un mundo cada vez más cínico, es importante…pero las otras cosas, las que se piensan y sienten, las que te acompañan en la casa habitada de fantasmas, vale decir, el recuerdo de las vivencias con esas personas que te importan, son mucho más importantes…aunque la vida no te pone, necesariamente a elegir entre una y otra, tengo la experiencia de tener que atenderlas las dos, por el equilibrio de las dos.
Largo y extenso me ha salido. Que al final, a mis 45 años, habiendo descubierto un tigre en mí (como en la historia de Pi) y habiendo visto lo suficiente como para saber que si debemos a aportar a hacer el mundo mejor, saber que una casa no es un hogar si al menos no lo llenas de fantasmas, y mejor si lo llenas de vida y no sólo de recuerdos, saber que algunos son tus amigos, porque no tienen que serlo, saber que podemos usar herramientas de guerrero, sin hacernos criminales, que podemos ver cómo las ideas cambian, pero el sistema en ti que las produce, no, saber que caminamos y que queremos seguir caminando…es una reflexión que quizá no sirva de mucho a otros, pero me sirve, me sirve para saber que no le tengo miedo a la muerte…pero que amo la vida, y que quiero caminar otro trecho, con suerte sin que me hagan daño…pero con más fortuna, si lo puedo hacer sin dañar a nadie.
De nuevo, gracias a todos por acordarse…