LO QUE SANDERS TIENE QUE ENSEÑARLE A LA OPOSICIÓN DOMINICANA

Bernie Sanders no era más que un triste senador de Vermont que entró a la contienda por la nominación presidencial  demócrata a promover ideas. El primero que no creía que podía ganar una sola de las primarias del partido americano era él mismo. Las encuestas estuvieron en su contra por diferencias de dos dígitos por más de un año. Se enfrentaba a la muy calificada, conocida, carismática, ex primera dama, ex secretaria de Estado, exsenadora y muy experimentada política, Hillary Clinton. Sin embargo, demostró tener agallas, y a pesar de que el resultado terminará siendo favorable para Hillary, Sanders cambió el nombre del juego de plebiscitario a competitivo. ¿Cómo lo hizo?

Hillary no ha cometido errores, carga para bien y para mal con una dilatada carrera política, llena de decisiones difíciles. Sanders, por su parte, tiene un récord de posiciones legislativas. No es en el pasado de ambos donde podemos encontrar necesariamente ese elemento casi mágico que convirtió (y mantiene) al senador como un contendor respetable. Sanders se ha nutrido del rechazo que Hillary carga por su larga carrera pública; pero eso tampoco explica su relativo éxito.

Como a cualquier político, a Hillary se le puede rastrear cambio de posiciones, o declaraciones que son contradictorias con el relato que le propone al electorado actualmente. Sanders insiste en destacar, quizá de manera injusta, que ella no es coherente; y ese ataque ha ido subiendo en la medida en que la competencia arrecia. Este elemento, importante sin ninguna duda, no es el punto nodal que explica el avance de Sanders.

Tampoco podemos explicar el avance de Sanders en los recursos financieros y gasto en campaña porque sigue detrás de Hillary en donaciones recibidas; y para cuando ocurrieron sus primeros triunfos, su campaña era financieramente pobre. ¿Cómo logró Sanders retar convincentemente a una megacandidata como Hillary?

Lo logró no con una palabra, no con un “programa” mejor elaborado, no con una alianza secreta o un apoyo tras bastidores, ni con más dinero; Bernie lograr avanzar hasta casi hacer impredecible el resultado final por un concepto: autenticidad. Bernie Sanders fue Bernie Sanders. Sanders tiene un discurso populista; pero no tiene ese discurso por ser demagogo. Al contrario, decir, por ejemplo, “Netanyahu no siempre tiene la razón”, en el Nueva York de judíos conservadores, no es precisamente un acto de demagogia. Sanders, más que valiente, ha sido consistentemente auténtico. Y vivimos tiempos en el que la gente no te valora sólo por lo que dices, sino por la consistencia entre lo que dices y lo que eres.

La gran lección para la oposición dominicana: no se puede enfrentar al favorito sólo con campaña negativa (y menos sucia), no se puede denunciar o prometer sólo porque uno piensa que el electorado lo quiere; hay que ser auténtico. Y esa lección quizá ya le llega muy tarde a la oposición dominicana. No se puede ser defensor de causas en las que nunca se participó, no se puede alegar éxitos empresariales que no son propios, no se puede decir que se representa el cambio… caminando con lo mismo. Esa es la lección de Sanders.

 

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.