EL COMPROMISO DE DANILO MEDINA

Queda por saberse cuántos senadores, diputados, alcaldes y regidores mantendrá el PLD. Alguno perderá, pero no hay dudas sobre una definición en la primera vuelta. Los medios que acostumbran, ya hace décadas, realizar encuestas electorales, han reiterado que el presidente Danilo Medina tendrá una victoria muy sólida; la última Gallup-Hoy estableció que el 60.3%. Así, la pregunta no es si hay una segunda vuelta, como trataron de posicionar los partidos opositores, si no “¿cuál es el compromiso de Danilo Medina al otro día de saberse los resultados?”.

La continuidad tiene sus mieles, es obvio. Sin embargo, tiene también sus retos. Un presidente que se reelige sigue siendo presidente cuando resulte presidente electo. No hay transición. Hay quizá una pequeña pausa para el festejo, pero no hay ya los famosos cien días, y por contundente que sea la victoria (60% es una cifra sin precedentes desde el triunfo de Bosch) la demanda por más, por más de lo que nunca se ha hecho, será prácticamente inmediata. La luna de miel de Danilo Medina tendrá un gran final: una victoria que se presume contundente, pero también marcará una nueva etapa en su relación con la prensa, la sociedad civil, y la ciudadanía. ¿Podrá repetir o replantear en términos los logros de su gobierno actual?

Un triunfo con tintes de aprobación en referéndum planteará el dilema para el presidente y su equipo de cómo manejar el resultado, cómo interpretarlo, cómo administrarlo. Una lectura sería que recibieron tal apoyo, que tienen un cheque en blanco; algo así como un premio por el excelente trabajo realizado. Otra interpretación, un poco más realista, sería la de entender qué tampoco hubo una real oposición, no sólo en el periodo electoral, sino durante los cuatro años. Recibir por encima del 50% para un presidente que se reelige, ciertamente es una aprobación. Sin embargo, la política es siempre expectativa, y en nuestro país más que en ningún otro, la esperanza para que las cosas malas mejoren y las buenas se incrementen es un elemento a tomar en cuenta, porque va más allá de lo electoral.

Dejando de lado que todos los aspirantes presidenciales del 2020 querrán sacar provecho de los espacios en blanco o los errores que pudiera cometer el nuevo gobierno, existen temas como la seguridad ciudadana, la sostenibilidad fiscal, la equidad y el fortalecimiento del concepto de ciudadanía, que aunque registran importantes avances, todavía tienen mucho espacio para seguir afanando con ellos.

En mi opinión, el triunfo tiene que recibirse con la misma humildad mostrada hasta ahora. Y en los hechos, eso va a significar un mayor esfuerzo en mostrar soluciones lo más cercanas a definitivas que materialmente se pueda. Especialmente en el tema económico, el saneamiento fiscal y la impostergable materia de seguridad.

Así, si Danilo Medina quiere dejar un legado, y no ser uno más que tuvo continuidad en el gobierno, debe ser fijando meta en lo “que nunca se ha hecho”, de forma tan definitiva, contundente y transparente como parece que lo será su triunfo el próximo domingo.

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LO QUE SANDERS TIENE QUE ENSEÑARLE A LA OPOSICIÓN DOMINICANA

Bernie Sanders no era más que un triste senador de Vermont que entró a la contienda por la nominación presidencial  demócrata a promover ideas. El primero que no creía que podía ganar una sola de las primarias del partido americano era él mismo. Las encuestas estuvieron en su contra por diferencias de dos dígitos por más de un año. Se enfrentaba a la muy calificada, conocida, carismática, ex primera dama, ex secretaria de Estado, exsenadora y muy experimentada política, Hillary Clinton. Sin embargo, demostró tener agallas, y a pesar de que el resultado terminará siendo favorable para Hillary, Sanders cambió el nombre del juego de plebiscitario a competitivo. ¿Cómo lo hizo?

Hillary no ha cometido errores, carga para bien y para mal con una dilatada carrera política, llena de decisiones difíciles. Sanders, por su parte, tiene un récord de posiciones legislativas. No es en el pasado de ambos donde podemos encontrar necesariamente ese elemento casi mágico que convirtió (y mantiene) al senador como un contendor respetable. Sanders se ha nutrido del rechazo que Hillary carga por su larga carrera pública; pero eso tampoco explica su relativo éxito.

Como a cualquier político, a Hillary se le puede rastrear cambio de posiciones, o declaraciones que son contradictorias con el relato que le propone al electorado actualmente. Sanders insiste en destacar, quizá de manera injusta, que ella no es coherente; y ese ataque ha ido subiendo en la medida en que la competencia arrecia. Este elemento, importante sin ninguna duda, no es el punto nodal que explica el avance de Sanders.

Tampoco podemos explicar el avance de Sanders en los recursos financieros y gasto en campaña porque sigue detrás de Hillary en donaciones recibidas; y para cuando ocurrieron sus primeros triunfos, su campaña era financieramente pobre. ¿Cómo logró Sanders retar convincentemente a una megacandidata como Hillary?

Lo logró no con una palabra, no con un “programa” mejor elaborado, no con una alianza secreta o un apoyo tras bastidores, ni con más dinero; Bernie lograr avanzar hasta casi hacer impredecible el resultado final por un concepto: autenticidad. Bernie Sanders fue Bernie Sanders. Sanders tiene un discurso populista; pero no tiene ese discurso por ser demagogo. Al contrario, decir, por ejemplo, “Netanyahu no siempre tiene la razón”, en el Nueva York de judíos conservadores, no es precisamente un acto de demagogia. Sanders, más que valiente, ha sido consistentemente auténtico. Y vivimos tiempos en el que la gente no te valora sólo por lo que dices, sino por la consistencia entre lo que dices y lo que eres.

La gran lección para la oposición dominicana: no se puede enfrentar al favorito sólo con campaña negativa (y menos sucia), no se puede denunciar o prometer sólo porque uno piensa que el electorado lo quiere; hay que ser auténtico. Y esa lección quizá ya le llega muy tarde a la oposición dominicana. No se puede ser defensor de causas en las que nunca se participó, no se puede alegar éxitos empresariales que no son propios, no se puede decir que se representa el cambio… caminando con lo mismo. Esa es la lección de Sanders.

 

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LA PARANOIA POLÍTICA

“La paranoia es sólo otra palabra para definir la ignorancia.” ~ Hunter S. Thompson

¡Qué buen trabajo viene realizando Ángela Peña! En “Areíto”, domingo tras domingo, la periodista nos ha ido entregando desde hace semanas reportajes sobre la historia dominicana reciente. Esa crónica del ayer-presente, que suele ser la más difícil de hacer y que exige, además del rigor, mucha valentía es la que los historiadores más rehúyen. En nuestro medio, más de una vez se ha argumentado que alguna cosa no se puede discutir, investigar o publicar porque los actores están vivos y que hay pasajes muy dolorosos para ser constados. Así, algunos rasgos de nuestra sociedad actual quedan como un eslabón perdido; reducido al espacio de un espasmo nostálgico. Por lo tanto, que alguien con rigor se atreva a no olvidar es un hecho a aplaudir.

El domingo anterior, en la sección nombrada, la autora vuelve sobre un aspecto de los gobiernos balagueristas de los 12 años: la paranoia de las personas encargadas de la seguridad del Estado. En dicha entrega se vuelve a puntualizar que los militares balagueristas estaban que “veían conspiraciones hasta en la sopa”. Ya el domingo 19 de marzo de este año, había escrito que en el año 1967 los altos mandos militares habían elaborado “el más voluminoso informe” sobre el alzamiento de Sabana Consuelo, en Las Gordas, Nagua, y que había culminado con la muerte del “guerrillero comunista” Rafael Chaljub; el cual no ha estado muerto desde entonces, pues lo abracé la semana pasada en el velorio de Magaly Pineda. El muerto había sido otro.

También en 1967, según el trabajo de Ángela Peña, la seguridad militar de Balaguer había advertido de brotes guerrilleros, al punto de documentar supuestos enfrentamientos sangrientos y duros… que simplemente nunca ocurrieron. Y así, el domingo anterior, y el anterior, y el anterior, en un documento invaluable de esa paranoia política que tuvieron los llamados a garantizar el orden y que tenían la seguridad del Estado como responsabilidad.

Algunas conclusiones claras se desprenden de esos trabajos. Primero: que el presidente Joaquín Balaguer no estaba enterado con la suficiente rigurosidad para que tomara decisiones adecuadas; y no le importaba. Segundo: que los llamados a fomentar el orden generaron intranquilidad antes que conseguir la reconciliación y la paz. Tercero: que la pérdida de vidas en ese período, injustificables desde cualquier punto de vista, fueron además producto de inteligencia viciada y manipulada. Cuarto: que en muchos casos de sangre no había objetivos políticos específicos, y que se derivaban de dichos informes manipulados.

De esas conclusiones se abren preguntas para los historiadores. ¿Qué objetivos tenían los militares y la seguridad del Estado en desinformar a sus superiores y al Presidente Balaguer? Además de un objetivo general, en el contexto de la época ¿Había un sistema de incentivo que propiciaba la represión sin fines estrictamente políticos? ¿Cuántos apresamientos y muertes se hicieron fabricados para obtener dádivas? ¿Qué “premiación” recibían los “paranoicos” de sus superiores y del presidente por el “deber cumplido”?

Y de esas preguntas, un aprendizaje para el futuro: el país que no se toma en serio los Derechos Humanos y que no respeta el Estado de Derecho paga el precio de exterminar generaciones valiosas, de perder el sentido de la humanidad en sus instituciones y de debilitar el respeto por sus autoridades y por la autoridad… para beneficio personal de los “paranoicos” lo que lo hace un doble crimen y una pérdida más difícil de resarcir. ¿Cuánto nos define en mal aquel pasado-presente?

 

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LAS ELECCIONES DEL 2016

Las elecciones de este año parecen más un plebiscito de la gestión del presidente Danilo Medina que una competencia, tal como dice la politóloga Rosario Espinal. Si alguna incógnita cabe sobre el resultado electoral, lo es sobre qué porcentaje servirá para un resultado en primera vuelta, pero no hay dudas de que sería el actual presidente el que resultaría ganador. No habría razones para que el calor electoral se eleve de manera sofocante, como está sucediendo, al menos que entendamos que no es la lucha presidencial la que realmente está generando el sofoque.

Se juegan algo más de 4 mil puestos nacionales en los niveles congresual y municipal, y el enemigo parece residir en la propia casa de los partidos en contienda. Es decir, en el 2016 hay quienes ya están jugando, como si fuera hoy, el 2020; a veces en contra del candidato presidencial.

El proceso de selección de candidaturas congresuales y municipales ha resultado complejo y tan largo que ninguno de los partidos a la fecha ha logrado completar su oferta. La complejidad, en gran medida, se deriva porque las candidaturas presidenciales están más involucradas de lo debido en ese proceso. El mensaje tácito parece ser que para que alguien pueda ser candidato a senador, diputado, alcalde o regidor necesita asociar su nombre, honor y lealtad a la candidatura presidencial.

Lo que es igual no es ventaja, dice el adagio. Sin embargo, la oposición, atomizada de por sí por las diversas propuestas presidenciales, se nota distraída en afanes internos que ya debían estar resueltos para estas fechas. El proceso se ha alargado demasiado, afectando la creación de liderazgos sanos que luego pueden ser contrapesos (o apoyos críticos) en sus distintos niveles y representaciones efectivas que fortalecen la democracia.

Este proceso, que no terminará hasta las elecciones mismas, hará que muchos candidatos que deberían estar construyendo una relación con sus posibles electores estén, por el contrario, armando movimientos, caravanas o charlas alrededor de la propuesta presidencial. Si indeseable es que esto ocurra al nivel oficial, más significativo y preocupante es que ocurra en la oposición. Alguien le ha vendido la idea errónea a los aspirantes presidenciales de la oposición de que puede haber una segunda vuelta, y que allí, un error aún mayor, podrían tener un resultado que les favorezca. Apoyan su discurso con este idílico panorama, en vez de empeñarse en reconstruir el sistema democrático, trabajando en un proceso dialéctico y propositivo que sólo puede ser efectivo con cuotas reales de poder; es decir, ganando escaños y puestos administrativos.

En resumen, y eso explica el risible proceso de transfuguismo del cual la sociedad dominicana ha sido testigo: todo lo anterior ocurre en un contexto “del enemigo en casa”. Proceso que es aún más opaco y con demasiados detalles para atenderlo en este espacio.

Las elecciones del 2016 son un plebiscito, pero la guerra es por el 2020. Las elites no partidistas se distraen en exigir debates; los aspirantes nuevos, en no tener miras; y los expresidentes, en jugar en el tablero que no les corresponde.

 

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EL PREMIO NO ES LO IMPORTANTE

Lo que se diga a favor o en contra del merecimiento del Premio Pedro Henríquez Ureña otorgado al escritor Mario Vargas Llosa tiene poca importancia, ya que desde 1952 a la fecha quedan pocos reconocimientos relevantes que no le hayan sido otorgados, incluido, el premio Nobel de Literatura, en el 2010. Es obvio que no discutimos si el premio es o no merecido.

Se ha querido, para evitar tan infeliz argumento, situar el debate en el plano de la soberanía. Según este argumento, los miembros del jurado no debieron, por ser representantes del Estado(?), reconocer al autor del artículo Los parias del Caribe porque ofende la dignidad nacional, al comparar (siempre según los detractores) a los dominicanos en general con los nazis de 1930. Eso a pesar de que en el artículo Vargas Llosa deja claro que los votos disidentes en el Tribunal Constitucional, la posición de muchos dominicanos en contra de la sentencia y la actitud solidaria de los dominicanos (pone como ejemplo positivo las medidas del expresidente Fernández a favor de los afectados por el terremoto) salvaron el honor del país, al tiempo que menciona que la verdadera cara de los dominicanos es precisamente contraria a los fundamentos discriminatorios de la fatídica sentencia.

Es decir, se admite que las novelas del laureado escritor – Conversación en la Catedral, Historia de Mayta, Los Cachorros, Pantaleón y las Visitadoras…- son buenas, pero no lo son sus ideas; especialmente la del citado artículo, fundamentándose en una cosa que no dice: los dominicanos somos nazis.

Lo que hay detrás de tanta sensibilidad nacional no sólo es una falta de lectura comprensiva preocupante, sino un intento peligrosísimo, típico de las ideologías totalitarias, de imponer un discurso que poco tiene que ver con el premio, y que menos tiene que ver con el escritor peruano. Un discurso que busca establecer que toda actitud de ejercicio crítico sobre lo que ocurre contra el poder – en este caso frente al Tribunal Constitucional y las instituciones que manejan el tema nacionalidad, identidad y migración- es un ataque contra la soberanía nacional y contra la dominicanidad.

También hay, en el coro, gente que no se da cuenta bien de qué va la cosa y le tiene guardadas ciertas cuentas ideológicas o históricas al Nobel. Por ejemplo, los muy de izquierda no le perdonarán haber sido crítico de las dictaduras y haber puesto en ellas a la de Cuba. Tampoco le perdonarán haber visto en imprenta lo que estaban cansados de oír en sus casas sobre la era de Trujillo, y que resultan incómodas, especialmente si se piensa lo trascendente que resultan… olvidando en ese resentimiento que La Fiesta del Chivo tiene como ficción la verdad; quizá es por eso que la consideran más peligrosa que los libros de historia… que nos negamos a leer.

Sin embargo, nada de lo anterior es importante. Aquí lo fundamental sigue siendo que es verdad que quitar papeles, que no reconocer derechos, que legislar o emitir sentencias para perjudicar grupos específicos es comportamiento de nazis. Y que también es verdad, que oculto y a veces difuso, el racismo dominicano no se discute, ni se reconoce, ni se enfrenta. El premio no es lo importante; la manipulación del tema migratorio y de identidad con fines mezquinamente electorales sí lo es.

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LAS 10 PROPUESTAS DE FERNANDO CAPELLÁN

En el país todos somos expertos en dos “pes”: pelota y política. A la tercera –p-, que es la más importante (progreso), le estamos dedicando menos tiempo y energía de la que debería. Vale la pena tomarse en serio las pocas propuestas que de cuando en vez aparecen en el escenario nacional, precisamente por lo raro que resulta. Fernando Capellán, hace algunos días, compartió a través de las redes diez propuestas para mejorar la competitividad.

De entrada, dos son muy polémicas: la reforma al código de trabajo y el cambio en la política cambiaria. Una de las diez tiene mucha resistencia política, a pesar de reconocerse ampliamente la necesidad de fomentar un mercado eficiente y competitivo en el sector de transporte terrestre de carga. Algunas otras son de índole institucional y educativa, y probablemente necesiten más creatividad que recursos. Hay otras que están más dentro del ámbito de la focalización; es decir, que pocos se atreverían a decir que son difíciles o innecesarias, como la reforma al servicio exterior, el empoderamiento de la mesa de exportación y la aplicación de los informes de desarrollo y de la ley. Y, finalmente, la que el empresario considera la más importante: salir de la zona de confort.

Deberíamos debatir cada una de las propuestas. La competitividad no es un tema banal, ni pasajero. El cambio de modelo económico, sugerido hace más de una época por el empresario don José León, hoy se ha convertido en un imperativo, dadas las circunstancias estructurales de nuestra economía y la disonancia con los mercados externos que se muestran inestables. Los paradigmas económicos (no importa la ideología) han sido probados de alguna manera, y todos se antojan insuficientes para los retos que un mundo cambiante exige. Vale el esfuerzo de que, aún sea de forma superficial, incorporemos en nuestro repertorio de “pes” el progreso como centro del debate nacional.

Si seguimos siendo expertos en dos “pes”, atrapados en un conformismo por los pírricos avances que alcanzamos en algún indicador económico o social, y debatiendo todo como si el tema público fuera exclusivamente electoral, puede que el espejo de otros países (Venezuela, Puerto Rico, Brasil, Grecia, Portugal) nos refleje lo peor de nosotros mismos y se haga tarde para lamentos. Hasta ahora, hemos sorteado con gran efectividad muchos retos, pero no hemos resuelto los problemas estructurales; necesarios para enfrentar el futuro cercano.

No nos ha ido del todo mal, pero debería indignarnos que hayamos permitido que algo peor que el pesimismo haya inundado nuestras fibras nacionales; me refiero al conformismo, a pensar que lo que tenemos ya está bien, que estamos en una zona de confort, que será un espacio del cual no nos movemos, pero que no tiene nada de cómodo, ni confortable; peor aún, ni siquiera seguirá siendo sostenible.

Vale disponerse sin prejuicios a profundizar las propuestas para construir nuestro futuro. Salir de la zona de confort empieza con derrotar una idea que parece prevalecer: dominicano que piensa, a su país traiciona. Hay que disponerse a pensar juntos.

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PASIÓN POR LAS IDEAS

Algunos autores penetran tan fuertemente en el espíritu del individuo que pasan a formar parte de los nervios y las entrañas, más allá de la erudición. Se vuelven parte integral de uno mismo. Sus ideas resuenan, martillan, conviven con el potencial vital de un lector individual, de toda una generación o incluso de una nación. No suelen ser autores de guión, malabaristas de la palabra o mercenarios del pensamiento; al contrario, son de quienes su primer enfrentamiento es con ellos mismos. Valientes en sus alcances, capaces de reescribir sus ideas, enfrentar a sus coetáneos y asombrarse de la realidad sin morir en el intento, pero arriesgando la vida en cada razonamiento. Son autores íntegros, apasionados, sin miedo a las contradicciones, pero comprometidos con la coherencia. De esa estirpe es Octavio Paz.

Esencialmente un poeta, entrenado en ver con asombro lo que otros ven con aburrida cotidianidad. Pudo, desde los versos hasta el ensayo, ser el mejor cronista de habla hispana de su mundo. No hubo un tema que no abordara con especial ingenio. Desde el feminismo, al cual atribuyó el fracaso de no haber podido feminizar la sociedad, hasta la estética. Octavio Paz abarcó con pasión crítica un enorme registro de conceptos y temas diversos, invitando al pensamiento, especialmente latinoamericano.

El siglo XX, del cual fue protagonista y observador, estuvo plagado de ismos: socialismos, capitalismo, feminismos, etc. Un siglo que empezó con grandes revoluciones como la mexicana (1910) o la rusa (1917), y que terminó formalmente con el augurio de un choque de civilizaciones el 11 de septiembre del 2001. Fue un siglo en el que terminó una historia para que renaciera una nueva, con otras tintas y otras estéticas. Un siglo XX que parió directamente el que nos toca vivir ahora, y que exige más que nunca la necesidad de tener un verdadero espíritu crítico.

La decadencia de las humanidades y la decadencia del amor son la decadencia misma de la noción de persona, y así lo advirtió con tono casi profético Octavio Paz. Admirador del mayo de 1968; miró, sin el susto que sufrió Ratzinger en París, que lo ocurrido era una exaltación al culto de la personalidad, y no tanto una revolución como las que marcaron el inicio del siglo XX. Se suma a los pensadores que advirtieron la crisis de la modernidad. Y de los que con más tino habló al conglomerado latinoamericano advirtiendo de los peligros de los autoritarismos… y de la imperdonable vocación de creer que los gestos pueden sustituir los actos.

Este año lo inicio así, con pasión por las ideas, ocho años después de la primera gran crisis económica (todavía faltan unas cuantas más); y no sólo por rendir homenaje al gran poeta y pensador, Octavio Paz, sino por tenerlo como referente en un mundo que a veces amenaza con cometer los mismos errores que llevaron a la humanidad al borde del abismo, y por tener el candor de creer que con un pensamiento crítico quizá podamos tratar de evitarlo.

 

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LA DUDA HACE LA CIENCIA (ECONÓMICA)

Muchos siglos han pasado desde que aquel primer hombre moderno, René Descartes, legó a la humanidad un poderoso instrumento: el método científico. Aquel cuestionamiento metódico que enseñaba a dudar de las propias percepciones, fue y sigue siendo el instrumento más poderoso que tiene el ser humano a su disposición para la construcción del pensamiento científico. Su innegable avance trajo consigo un increíble desarrollo de la tecnología y del bienestar material de la humanidad. Sin embargo, en el último siglo, trajo también un prejuicio tan basado en una superchería como cualquier talismán creado por un alquimista de la Edad Media: el de pensar que la tecnología es más que la ciencia. La duda metódica dejó de estar de moda.

La ciencia misma dejó de estar de moda, y hay una perfecta tranquilidad con esa idea. Hoy estamos más al tanto del avance tecnológico que de las conjeturas científicas. Y de esa moda no se escapan las ciencias sociales, ni siquiera la única – llevada al rango de ciencia exacta – premiada con el Premio Nobel: la Economía. Desde los años ochenta, y en lo adelante, predomina una lectura de las teorías económicas, fundamentado en un supuesto, la racionalidad de los agentes económicos.

Ante esa realidad, el reducto académico, ligado a la acción política de ideología izquierdista, o al keynesianismo (erróneamente ligado a los desequilibrios económicos) languideció y vivía de la añoranza, la denuncia o la autoreferencia. Era natural, la humanidad había abrazado el cinismo; es decir, hacía que creía, pero actuaba sin creer… y lo peor, aunque parezca paradójico, sin dudar; dejando a las sociedades sin acceso a la investigación científica y llevando al rango de héroes a aquellos capaces de convertir el conocimiento económico en éxito financiero. Así, también la economía caía en la superchería, incluso en el mundo académico crítico, en el que se tiene razón a priori.

El capitalismo fundamentado en la visión neoclásica de la economía había triunfado sobre la mayoría de los modelos alternativos. El colapso del socialismo no es algo que podría ponerse en duda. Sin embargo, las sucesivas crisis a partir de los 90 y los muy discutibles avances en la lucha mundial contra la pobreza, nacidas de la lógica de la desregulación, la incapacidad general de predecirlo y la imperante idea de que economía y finanzas son la misma cosa, demuestran que el éxito del capitalismo, tal como lo conocemos, es pírrico, cuando no cuestionable.

La cuestión es que las grandes escuelas enfrentadas podrían argumentar algunos éxitos, pero también una buena cantidad de fracasos; de lo contrario, va siendo hora de volver, no sólo al humanismo en las academias, sino también a la colaboración proactiva de conocimiento de otras ramas y más, a una idea simple, general, antigua: dudemos primero, después todo paradigma es un límite y todo límite una camisa de fuerza. Dudar primero del propio hallazgo, investigar y aprender de los éxitos y fracasos. No fallan los modelos y los sistemas, fallan quienes creen en ellos como alquimistas. Hay que volver al método científico, y dudar.

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ASFIXIADOS POR EL ÉXITO

Muchos analistas acertaron demasiado pronto. Años anunciando la crisis de los partidos basado en algo consustancial a la democracia: el conflicto. Sin embargo, tanto el resultado electoral como las encuestas daban cuenta de otra realidad; el votante seguía confiando en los partidos políticos. Eso fue así, pero ya no lo es más.

En el 2015, el partidismo está moralmente enfermo, y sobrevive porque hay cierta identificación de los ciudadanos con el PLD; pero el PLD se sostiene porque está en el Gobierno, al tiempo que hay confianza en el Gobierno porque el presidente Medina lo sujeta basado en su enorme prestigio. A pesar de esa realidad, está bastante claro que eso no será suficiente para la salud democrática… pero tampoco para el sistema de partidos.

El resultado electoral está asegurado para el PLD, y ha estado asegurado por bastante tiempo. Luego de su regreso al poder en el 2004, las elecciones han sido ganadas invariablemente. Reclamar cambios en tal entorno de éxito parece una tarea imposible; sin embargo, es un imperativo de vitalidad.

Un ejemplo lo ofrece la situación política electoral del Distrito Nacional, plaza para la cual la oferta será la misma que ha sido desde el 2002. El partido plantea llevar en la ciudad al mismo candidato a senador y el mismo candidato a alcalde. El argumento sigue siendo el mismo; ganan. Y ese éxito positivo, en gran medida se debe al desempeño de sus incumbentes: el senador Reinaldo Pared Pérez y el alcalde Roberto Salcedo. De alguna manera han conectado con los votantes capitaleños.

Hoy, dados los resultados de las encuestas, parece algo natural que repitieran en sus respectivos puestos, pero ambos tendrán más de 14 años allí. “¿Cuándo es tiempo de cambiar de escenario?” es la pregunta más difícil de responder para artistas y políticos. Es por ello que la fortaleza de la democracia y la salud del sistema de partidos dependen mucho de la capacidad del PLD de renovarse a sí mismo… o morir de éxito. En el futuro inmediato, lo que hoy es ganancia mañana puede no serlo.

En el Distrito Nacional, como en muchos otros puntos del país, bien valdría una fórmula de remozamiento para que el hartazgo futuro del votante no termine llevándose no sólo a sus candidatos, sino la fe en el sistema democrático mismo. Esa fórmula, bien podría ser que Roberto Salcedo lleve su experiencia municipal al Congreso y sea el candidato a senador por el PLD, mientras que la alcaldía sea elegida en procesos de elecciones internas competitivas y supervisadas. Reinaldo tiene una plataforma y un reto por delante mucho mayor que el de repetir; él ha anunciado que continúa con su proyecto presidencial. Roberto ya empieza a estar en la defensiva en su gestión y el sistema partidista parece peligrosamente anquilosado. Incluso, al presidente Medina, como dijo Inés Aizpún la semana pasada, le conviene demostrar que tiene la capacidad de remozar el partido. El tema va más allá de lo meramente electoral; es cuestión de trascender, no sea que de tanto éxito nos asfixiemos.

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CONFERENCIA MIGRATORIA INTERNACIONAL

 

La migración es el segundo tema más importante para la humanidad, sólo después de la pobreza y la pobreza extrema, aunque no son los únicos. Terrorismo, narcotráfico, armamentismo, cambio climático, completan el listado, pero por sus efectos de causalidad, la migración merece atención privilegiada como un tema de la mayor prioridad a atender por los gobiernos del mundo. La migración tiene múltiples causas: tensiones religiosas, étnicas o culturales; exclusiones de género o de preferencia sexual; o la más común, la pobreza y pobreza extrema y las asimetrías de desarrollo económico nacionales, internacionales y regionales. No todos los países, sin embargo, tienen una situación dual tan intensa como la República Dominicana que es a la vez un país receptor y emisor de migración.

La presencia de la diáspora dominicana llega a lugares tan exóticos como Alaska, con concentraciones importantes en grandes urbes como Nueva York, Miami, Chicago, Madrid, sin dejar de mencionar las islas en el caribe, siendo probablemente Puerto Rico la más importante; pero también hay migración en Argentina, en varias ciudades italianas, en Suiza. Casi podríamos decir que a migración vamos, en el imperio (!) dominicano nunca se pone el sol.

Al mismo tiempo, tenemos un muy serio problema de inmigración, agravado por las manipulaciones ideológicas, con fuertes (aunque ocultos) prejuicios raciales y xenófobos, con algún hecho histórico —no siempre bien contextualizado— y tensiones comerciales o de índole diplomática entre nuestro vecino Haití y RD. Todos elementos bastante comunes en el tema migratorio. Sirva el ejemplo de la inmigración musulmana en Europa, o la relación de Marruecos y España.

La OEA se encuentra en el país haciendo consultas sobre la migración y sus temas derivados. La posición nacional ha sido de rechazo, a pesar de que el gobierno, libremente, invitó a que vinieran a evaluar el tema en el terreno con la esperanza de que certifiquen los innegables avances de RD en esa materia. Sin embargo, la realidad migratoria y la difícil realidad de segmentos de la población que les corresponde la nacionalidad dominicana y otros cuya situación es ambigua ante la indolencia histórica de los Estados dominicano y haitiano ofrece todavía muchas oportunidades de mejora. Mientras la JCE, por ejemplo, siga jugando a la discriminatoria interpretación administrativa, el Estado dominicano no podrá librarse de los cuestionamientos (bien y mal intencionados) que se deriven.

El tema migratorio genera debates no sólo por las particularidades locales, aquí y en otras partes, sino también por las ambigüedades del sistema internacional que reduce a un “movimiento” de población el desastre humanitario mundial que significa los millones de desplazados en el planeta (y la región). Vale la pena que RD le proponga a la OEA una conferencia migratoria regional, profunda y seria. Después de todo RD no es única…y nada que digamos para la inmigración será neutro, pues a favor y en contra podrá aplicarse a nuestros nacionales en otros países.

RD debe asumir una posición de madurez y racionalidad. Nosotros y todos los demás en la región. NO sobre Haití (solamente); sobre la migración en nuestro continente.

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