EL PASTOR FLEMING Y SU MIEDO AL MUNDO DE LO ABSTRACTO

El pastor Fleming mandó a borrar los murales que en las patronales de Barahona del año pasado habían pintado artistas para la ocasión. En su lugar, ordenó usar colores joviales y llamativos para en vez de los murales colocar el nombre de Jesús. Noble causa, puedo suponer, la de fomentar que la gente de Barahona vea un mensaje cristiano. No estamos seguros de que el medio utilizado —borrar las imágenes representaciones artísticas de Barahona de motivos marinos, salinos y colorido caribeño— fuera la mejor de las salidas. ¿Qué habrá motivado al pastor a esa acción?

Es probable que el pastor Fleming conozca muy bien la Biblia. Es posible, por ejemplo, que se hubiera inspirado para su acción de censura en el primer mandamiento de Moisés, en el cual Yahveh le recuerda a Israel que solo a él deben honrar, y prohíbe la construcción de imágenes para adorar. No dice nada, aunque algunas ramas del cristianismo así lo interpretan, de las imágenes artísticas, no representativas de divinidad o poderío. El mandato prohíbe la idolatría, no la representación artística.

El pueblo de Israel venía de Egipto, tierra politeísta en la cual las imágenes divinas estaban asociadas al poder. Era claro que Moisés, interpretando a Dios, quería una alianza alrededor de la existencia de un solo Dios, y por ende deja poco margen a la interpretación al elegir el primer mandamiento para que esto quedara grabado en piedra: no adorar imágenes divinas; pero si así fuera ¿por qué tiene el pastor selfies de sí mismo en su página de Facebook?

Quizá tuvo otra motivación. Digamos que el pastor Fleming le tiene miedo a la representación de las sirenas; después de todo, esos seres representaban metafóricamente la seducción de los marinos, que atraídos por sus canciones encallaban bajo sus embrujos. Esas pinturas quizá eran en su interpretación demasiado sensuales, diabólicas, peligrosas y muy pecaminosas. ¿Quién es uno para rebatirle esa lectura a un pastor que difunde la palabra de Dios?

El objeto abstracto, la obra de arte, sin importar la intención del artista, necesita de un espectador que la complete. Quizá, el pastor en su cosmovisión religiosa no tiene otra manera de interpretar un cuerpo de mujer. Aún fuera para él y para todo el mundo la única interpretación posible, ¿qué derecho tiene el pastor a imponer su lectura a todos los demás?

El viaje de la interpretación artística pasa casi siempre por terrenos difíciles que exigen tolerancia, espíritu libre, capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y que requieren acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas. Y eso no sé si tiene pastor Fleming (sensibilidad artística) no solo porque decidió borrar pacífica y cristianamente(!) los referidos murales, sino porque en su sustitución convirtió a Jesús en una marca, carente de reverencia ni respeto por su divinidad. Así de vulgar fue, que la imagen “Jesús” igual podía haber sido la de un candidato local; porque arte no hubo. Y es que ahí está lo peor en quienes censuran (nunca podremos persuadirlos de que su causa no es legítima) que además de intolerantes, suelen tener muy mal gusto.

 

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LE CHEF

La palabra francesa «Chef» significa, literalmente, ‘jefe’; aunque en la actualidad se refiere casi exclusivamente a la persona más importante en la alta cocina. El chef ha ganado prestigio mundial; es el héroe popular moderno.

¿Las razones? En el pasado, el derecho al disfrute estaba destinado a las clases altas, nobles, reyes o papas. El arte era accesorio, sea música o pintura. Y no digamos la cocina… todo; más para reforzar el estatus, y no tanto para la elevación del espíritu. El artista, a lo largo de los siglos, ocupó un escalafón un poco más elevado que el comediante o el juglar. El artista estaba solo, a veces secuestrado por la afectación de su público.

En los tiempos que corren, más y más gente ha pasado de la superficialidad a un cierto refinamiento, si no del espíritu, al menos de los gustos. Y si bien, tal como dice Vargas Llosa, la cultura está más orientada al espectáculo que al espacio que debía ocupar el esfuerzo de elevación del espectador, no es menos cierto que ahora más diversidad de gente puede acceder al disfrute del arte.

El artista es otro, y su potencial espectador también. He aquí que están las raíces de por qué el chef es el héroe moderno, uno que no muere en una guerra, ni salva a nadie, ni siquiera se dedica a otra cosa que a lo inmanente; un objeto artístico efímero que muere en un instante… en el paladar. El chef al atreverse a nuevas técnicas -la cocina molecular, la fusión de sabores, al reto en la creación- se encontró con un público receptivo, orientado a los placeres, con sensibilidad para entenderlo. El chef es el héroe moderno porque el epicureísmo ha triunfado. Hay un artista nuevo que entró a la cocina, y hay un espectador nuevo que está dispuesto a entenderlo.

Algunos intelectuales (Savater, entre ellos) han reaccionado críticamente, quizá sintiéndose desplazados contra esta moda de protagonismo que ocupa el nuevo artista de nuestros tiempos. Los argumentos se centran en la notoriedad rayando en el espectáculo que acompaña la creación gastronómica: un nombre, una historia e incluso, una leyenda, a veces un farsante (igual que en toda manifestación artística).

Otras críticas más ideológicas y menos auténticas, asocian la gran cocina con la riqueza y la ostentación. Esa crítica es como una sopa Campbell, un enlatado que sólo puede ser degustado si no hay absolutamente ningún remedio. Así como hay obras de arte Kitsch, hay críticas de la misma índole. Al final, la alta cocina tiene que ver más con atreverse a la creación que con el dinero.

El pensador no tiene por qué ser el centro (si alguna vez lo fue), y puede perdonar su temporal desplazamiento, siempre que sea sentado a la buena mesa, sorprendido por la creación cuidada, hecha para el deleite, por el nuevo artista del barrio: Le Chef. Después de todo, no hay que olvidar que Sócrates hacia sus reflexiones en los banquetes.

La moda gastronómica no es un síntoma de decadencia de la cultura. Al contrario, la buena cocina exige pasión; es decir, amor, dedicación y creatividad. Todos atributos del artista. El que no puede apreciar lo que un chef hace, puede que no haya degustado los mantecados (como los de mi abuela) o algún otro plato memorable. Y peor, el que no puede apreciar la propuesta estética de un plato, puede que tampoco sea capaz de ver lo sublime de un cuadro, un poema o una obra musical.

 

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