Rusia: una coartada peligrosa

El acercamiento a Rusia, como propuesta en la estrategia diplomática realizada por un ministro (no diplomático) junto con un diputado y miembros de un partido aliado al gobierno, es la osadía más delicada en la historia reciente de nuestras relaciones internacionales.

El argumento a favor del acercamiento nace en que Rusia fue considerado un país BRICS (siglas de quienes lo componen: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), denominación del orden económico utilizada para referirse al innegable poder que mostraban esos países emergentes. Sus características eran las abundantes riquezas naturales, pujanza en el comercio exterior y una población suficiente para que su demanda interna hiciera sostenible los impresionantes crecimientos económicos. Por allá, por el 2001, todos los seminarios financieros, comerciales y académicos estaban ponderando cómo los BRICS eran el nuevo motor de la economía mundial

La verdad es que Rusia, sigue añorando la URSS, sueña con ser una potencia mundial. Sin embargo, se interpreta que la amenaza no es ya ideológica, por lo que las excentricidades del líder post transición, un exmiembro de la KGB, Vladimir Putin, son curiosidades, y se le da un tratamiento con cierta ingenuidad general, con las debidas excepciones de alguna resistencia interna rusa y por la prensa internacional más especializada.

Después del 2008, ya los BRICS no son lo que eran en el 2001. No a todos les ha ido igual: China se mantiene pujante; y por ende, debería atraer mayores esfuerzos en nuestros acuerdos diplomáticos (hemos perdido oportunidades preciosas por razones muy equivocadas). Brasil, en cambio, ha perdido empuje a la espera de reformas profundas en su economía. Y Rusia se mantiene demasiado dependiente de sus recursos naturales y sus factores geopolíticos. Todos estos argumentos hacen pensar que el “ladrillo” BRICS se rompió.

La economía rusa tiene muchas distorsiones; una concentración de riquezas escandalosa con consecuencias alarmantes en la distribución del ingreso y un liderazgo político que rememora las prácticas totalitarias de la KGB, pero ya sin fines ideológicos. Además, la proliferación de mafias internacionales, aparentemente protegidas por el gobierno ruso, y el agresivo despliegue de una diplomacia militar amenazante contra las potencias mundiales y sus vecinos (por ejemplo, Ucrania) nos hace pensar que quizá no debería ser el destino de nuestros mayores esfuerzos diplomáticos. Está claro que no es una buena idea que nos acerquemos a la Rusia de hoy.

Los locales que buscan un tardío acercamiento a Rusia, no defienden el interés del país, ni es una propuesta ingenua. Es una coartada para fundamentar un “anti-norteaemericanismo” oportunista, que busca justificar su resistencia a la más agresiva agenda americana por promover un combate más efectivo al narcotráfico dominicano, y a la corrupción política y sus vínculos con legisladores estadounidenses en casos específicos. Al final, puede que República Dominicana no deba seguir los designios del imperio, pero no veo razones estratégicas para el interés nacional de que sigamos los de un zar. A Rusia, en su accionar internacional, no le interesa los combustibles baratos… a nuestro país sí.

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