Qué medimos (y para qué)

Es cada vez más común utilizar las herramientas de las ciencias económicas en aspectos de la vida que aparentemente no tienen valor monetario o no se tranzan en los mercados financieros. Investigaciones como las del laureado Amartya Sen en el ámbito de cómo las estructuras políticas democráticas aportan al desarrollo, son un ejemplo. Igualmente análisis económicos sobre el crimen, las migraciones, la demografía, o los niveles de ocupación desde ópticas menos ortodoxas, pero igualmente serias desde el punto de vista científico, van abriendo el camino hacia la consolidación de un nuevo paradigma que responda los retos del presente. Después de todo, la economía es algo más que una ciencia para las transacciones monetarias, es una ciencia social.

Creo que si queremos mejorar la economía y la sociedad dominicana vendría bien recordar que generar estadísticas, propiciar estudios, fomentar preguntas más allá de los elementos tradicionales pudiera ser de ayuda. No es descabellado profundizar en la idea de que la ciencia económica importa si les permite a los ciudadanos satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, si tiene algo que decir para acercarnos a la felicidad.

Algo sucede con nuestro crecimiento que hace que no avancemos a la misma velocidad en cuanto a equidad; con nuestra medición del empleo, que no nos está respondiendo por qué tantos jóvenes renuncian demasiado pronto a la educación formal y tantos otros apuestan a una vida de riesgo, a la delincuencia; en fin, algo ocurre con lo que medimos que no nos está diciendo todo lo que deberíamos saber, y no me refiero a la calidad de las cifras sino a su lectura.

Algunos economistas se han planteado crear un índice de la felicidad. Aunque es algo relativamente nuevo, es curioso, sin embargo, encontrar desde el nacimiento de la ciencia económica preguntas simples pero igualmente ambiciosas. Un ejemplo, en la micro-economía, es León Walras, que si bien afirmaba que la solución competitiva era la superior desde el punto de vista científico, como librepensador, apostaba por la unificación de las ciencias sociales y naturales como herramientas del cambio social.

Medimos el PIB, la inflación, la masa monetaria, el consumo, nivel de empleo, etc.; sin embargo, conocemos muy poco los fundamentos de nuestra economía. Sabemos bien, por ejemplo, que somos una economía de servicios, pequeña y abierta, y eso nos dice que para mantener el equilibrio macro-económico tenemos que preocuparnos de lo que ocurre en la economía mundial. Y es bueno que cuidemos y midamos eso, si a la par prestamos atención a los secretos que esas y otras cifras encierran.

A estas alturas deberíamos entender que debemos mejorar los datos, profundizar en su lectura, cruzar variables de forma creativa, para que podamos percatarnos de fenómenos evidentes, como lo es, por ejemplo, que nuestros bajos niveles de ingreso en casi todos los niveles educativos pudieran ser un factor importante en los niveles actuales de delincuencia. Creo que la economía tiene mucho que decirnos si queremos escuchar. ¿Estamos escuchando?
http://hoy.com.do/que-medimos-y-para-que/

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