Un arte

Elizabeth Bishop (traducción libre: José Manuel Guzmán Ibarra)
El arte de perder no es difícil de dominar;
Muchas cosas parecen estar llenas de la intención
de perderse sin que su pérdida sea un desastre.
Perder algo todos los días. Acepta el aturdimiento
de las perdidas llaves de la puerta, y la hora mal gastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Practica perder más…más  lejos, perder más rápido:
Lugares, y nombres, y lo que quería decir,
o un viaje. Ninguno de estos traerá desastres.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! Mi ultimo o
cerca del último, que de tres casas amadas fue.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Perdí dos ciudades, encantadoras. Y, más vasto,
Algunos reinos que yo poseía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.
– Incluso te pierdo (la entrañable voz de broma, el gesto
que me encanta) no habré mentido. Es evidente
El arte de perder no es demasiado difícil de dominar

PISA ¿Medir o acusar?

Por José Manuel Guzmán Ibarra

El informe PISA tiene como objetivo medir los avances educativos en los jóvenes de 15 años de los países participantes. A diferencia de otros análisis similares, en este no todos los países participan, y la República Dominicana debutó este año, partiendo de la evaluación hecha en el período marzo-abril 2015.

En muchos países, los resultados se toman como una referencia que evalúa mucho el sistema antes que a los jóvenes, y se asume como una alarma para hacer los ajustes que correspondan, midiendo los avances o retrocesos vis a vis el propio desempeño, situando los resultados en un plano competitivo. La educación debería ser un tema al margen de la discusión político-electoral; en algunos casos, no pueden evitar politizar el resultado.

Hay países en el cual las estadísticas se usan como acusación para el gobierno de turno, sea porque se ha perdido un escalón en la comparación internacional, o porque la medición ha retrocedido algunos puntos en relación a periodos anteriores. En este caso, a partir de los argumentos utilizados, esto no termina juzgando un método educativo, sino a la misma clase política.

Si gobierno y oposición aprovechan para debatir contenidos, métodos o calidad en la asignación de los recursos, la nota de la clase política sería buena. Si en cambio, es un ejercicio de acusación y justificaciones… pues sería justo concluir que en ese país hay un retroceso educativo grave. Nada mejor para medir una sociedad que mirar los argumentos de sus políticos y la cantidad de población de sus cárceles. En ambas cosas andamos mal.

En las pruebas PISA, para RD no hay medición previa; y el resultado obtenido, peor que mediocre, recoge el resultado de políticas aplicadas en años anteriores, previos al 4%. Este resultado es una herramienta para cuantificar en el futuro el avance relativo al mirarnos contra el 2015, al tiempo que nos permitirá evaluar cuánto queda para alcanzar otros países.

Si queremos ver cómo deberíamos tomar la educación y no sólo el resultado, vale la pena ver la reflexión que escribió el exministro de Educación de Costa Rica, Leonardo Garnier Rímolo, el 11 de diciembre a las 21:57 en su cuenta de Facebook:

“El objetivo de los comedores escolares (…) no es meramente nutricional, es educativo en el sentido más amplio del término. El ejemplo de Japón es notable:
La razón por la que los almuerzos escolares reciben tanta atención es que en Japón son considerados parte del plan de estudios de la escuela pública, un aspecto del crecimiento personal que significa algo más que una nutrición estable.

Japón es famoso en todo el mundo por la alta calidad de sus almuerzos escolares. Más allá de inculcar buenos hábitos alimenticios y una apreciación de los alimentos sanos, el programa de almuerzo escolar de Japón subraya la importancia de la comunidad al hacer que los estudiantes participen con servir la comida y con la limpieza, y que los niños comprendan sus responsabilidades dentro del grupo”.

Me falta espacio para sugerir lo que creo que significa esto. Como la prueba PISA mide la lectura comprensiva, creo que estas pocas palabras sirven para que cada quien compare lo dicho por el exministro citado…, y cómo algunos están asumiendo el tema educativo en nuestro país.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

LEYES PARA LIMITAR LA DEUDA

Por José Manuel Guzmán Ibarra

Hay que admitir que los economistas tenemos sesgos importantes cuando miramos el mundo. Sea producto de nuestra formación, de nuestra pertenencia de clase o de adhesión a una ideología o grupo. Sin embargo, la ciencia económica sigue siendo una ciencia, que, aunque social, es cuantificable, en muy predecible –más allá de la broma fácil sobre los economistas-y suficientemente sólida como para despejar los sesgos.

La Economía tiene sus leyes y cuando alguien quiere derogarlas por decreto o por ideología provoca una cierta sonrisa, que debemos admitir tiene mucho de arrogancia en el profesional de esta ciencia. Sin embargo, cuando es el economista el que sugiere leyes objetivas la arrogancia es aún mayor. En el primer caso, la motivación puede ser el desconocimiento; en el segundo, sólo es presunción. Cuando un economista sugiere límites legales, marcos estrictos, está diciendo que su visión es la única válida, y cuando hace eso, casi nunca encontramos la ciencia, y sí el sesgo detrás de su recomendación.

En nuestro país hemos transitado ese camino. Hemos sugerido montones de leyes que buscan obligar a todos los gobiernos a una uniformidad ideológica, fiscal, política e histórica, como si las leyes económicas (las que se derivan del conocimiento científico) necesitaran de ese impulso; o peor, como si todo lo que propone un economista fuera una verdad revelada, y no, como muchas veces ocurre, simplemente una opinión edificada que defiende su sesgo de clase o de grupo y lamentablemente no siempre su conocimiento científico.

Dentro de esas leyes normativas están las que buscan vincular niveles de gasto presupuestal a porcentajes del PIB sin que haya ligada ninguna relación con la estructura fiscal, como si la nobleza del destino del gasto fuera suficiente para la sostenibilidad del mismo.

Recientemente el Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CRIES) propone topes legales al gasto gubernamental y al endeudamiento para evitar la insostenibilidad fiscal, y lo hace a partir de una ley de responsabilidad y transparencia fiscal, una reforma del código tributario, un límite a la “necesidad” de deuda y mejoría a la capacidad recaudatoria del Estado.

Todos los enunciados están bien; sólo que antes de discutir a profundidad una ley o un marco amplio de leyes deberíamos recordar, primero, que la deuda es sostenible o no en función de una variable: capacidad de pago, con un corolario (producción de divisas si la deuda es en moneda dura).

La capacidad de pago puede ser restrictiva, al bajar el gasto; o impositiva, al aumentar las recaudaciones. Segundo, recordar que la deuda en sí no es disciplina o carencia de disciplina, porque en ambos extremos y según las circunstancias puede ser beneficiosa o dañina; siempre en un modelo de desarrollo y no exclusivamente en el nivel mostrado. Y… lo que hay de fondo es qué esperamos en infraestructura, servicios, nivel de empleo y crecimiento económico.

Así, es aconsejable debatir sobre el nivel de deuda, presión fiscal y modelo económico, porque se avizoran retos importantes para la sostenibilidad de nuestra economía. Tengamos cuidado de proponer una ley estricta que tengamos que violar.Siempre será preferible, como sugirió Dornbusch, un marco legal muy flexible que apliquemos estrictamente y que responda a los distintos momentos a los que se enfrenta la economía.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

Por José Manuel Guzmán Ibarra

La historia de la historia tiene años sin ser contada, esa señora se ha hecho cada vez más formal, empedrada, fosilizada. Sirve para titulares en las aulas de párvulos, para listados de nombres y fechas; es un ejercicio de memorización. Ya dejó de ser la referencia para entender el presente. Quizá esto se deba a la debilidad de la enseñanza de las humanidades y al absoluto triunfo de la inmediatez. No sé qué tan devastadora sea esta ya vieja práctica. Lo que se hace obvio es que la mayoría de los jóvenes y muchos adultos tienen las referencias históricas recientes como un acto de nostalgia, en el mejor de los casos; y no de ejercicio crítico para encontrar contextos. La consecuencia es clara: creemos que todo se está discutiendo por primera vez.

Una de los hechos más relevantes de nuestro pasado reciente lo fue El Consenso de Washington impulsado por el partido Republicano, en la administración de Ronald Reagan y que su sucesor George H. W Busch perfeccionó, renombrándolo como Globalización. Esa palabra, no tan novedosa, se usó como lema cuando éste presidente la usara primero para justificar el acercamiento a Michael Gorbachov, el último presidente que tuvo la Unión Soviética. Luego se hizo lema para impulsar un concepto más abarcador, el primer gran acuerdo de Libre Comercio de la era moderna, el NAFTA, firmado simbólicamente por George H. W Bush, por los EEUU, Carlos Salinas de Gortari por México y Brian Mulroney de Canadá y el impulso mundial de los acuerdos comerciales.

Aquel anuncio era la promesa de un mundo mejor, y buscaba solucionar problemas previos de estanflación, estancamiento y pérdida de empleo. Sólo para que se tenga una idea: previamente a los acuerdos comerciales, el desempleo total en EEUU en el año 1988 era de 10.5. a 7.8% en el 1992; luego de implementadas las políticas “globalizadoras” -con sus diversas correcciones y ajustes a lo largo de los años- se situó en 6% en el 2003, y en 4.6% en el 2007, previo a la gran crisis de las subprimes en el 2008.

Si bien la globalización no fue la solución global, ni significó El Fin de la Historia pronosticada por Fukuyama, tampoco se le atribuye el terrible impacto de la crisis que viven la mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados, tanto en el nivel de vida, como en los de desempleo (Europa sigue en dos dígitos), o en la calidad del existente empleo. El entorno de crisis estuvo muy bien definido por las políticas de desregulación, pero no de libre comercio; ahora que vienen tiempos aciagos para lo segundo, valdría la pena que se pasara un balance serio que mida qué tanta riqueza construyó o destruyó.

Sabemos que en el intercambio comercial hay ganadores y perdedores. Establecer el balance total es importante antes de que la demagogia política que atribuye todos los males a las migraciones y a los tratados de libre comercio ponga remedios donde no hay enfermedad o quite medidas allí donde deben permanecer. Una crítica seria, que para serlo necesita situar históricamente y científicamente sus argumentos.

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El DÍA “H”

Por José Manuel Guzmán Ibarra

Hoy son las elecciones en los EE. UU. Las encuestas del voto popular dan como favorita a Hillary Clinton. Sin embargo, los análisis del voto electoral arrojan resultados inciertos, porque en algunos estados importantes las elecciones están muy reñidas. El susto parece ser mayor que la realidad sobre las probabilidades de que EE. UU. no esté eligiendo a una mujer para la presidencia.

Algunos hitos ya se han alcanzado; estas elecciones tienen una connotación con pocos precedentes en la historia norteamericana. La vedada pero inocultable rebelión del anglosajón típico contra el avance de las llamadas minorías, la exacerbada lucha ideológica de distintas denominaciones cristianas contra el avance de la ideología liberal y de género, la desesperanza de amplios sectores de trabajadores blancos a los cuales la crisis les destruyó el sueño americano, y la indiferencia de los “millennials” ante la oferta electoral hacen de estas unas elecciones muy particulares y de pronóstico impredecible.

El debate económico, que debería ser el centro de la atención de los medios, ha estado prácticamente ausente, pues el candidato republicano evita conceder que la crisis fue sorteada con éxito, y prefiere explotar la insatisfacción social sin ampararse en otra cosa que en un lema vacío: “Hacer Nuevamente Grande a Estados Unidos”. Aunque es una estrategia correcta desde el mercadeo electoral, el problema radica en que Donald Trump no es un candidato cualquiera, ni tampoco el apoyo que recibe una manifestación meramente electoral. Estamos ante una verdadera rebelión de las masas, ante una resistencia profundamente ideologizada, cuyas raíces están en una visión excluyente de la sociedad. Es la reacción del americano “feo”, el de la democracia con votos para hombres blancos. Es por eso que muchos en el mundo, y algunos republicanos con sentido de Estado, están espantados con este apoyo que trasciende el resultado electoral, sea cual sea el que resulte.

Hoy debe ser el día H: El día de Hillary. Será electa con muchos votos electorales, con gran unanimidad en las minorías; en las mujeres, negros, inmigrantes, pero no en los jóvenes, ni en los hombres blancos, ni en los estados tradicionalmente asociados con la idea de una sociedad anglosajona. Gobernará un país dividido y pondrá a prueba su liderazgo, capacidad de maniobra y resiliencia, como muchas otras veces. El resultado no será estrecho, pero tampoco será de una contundencia que permita subsanar las divisiones manifiestas (aunque no causadas) por el proceso electoral, y obligará a trabajar en una plataforma que permita la convivencia de dos formas ideológicas que se antojan irreconciliables; eso implica religión, género, raza, migración… y ¡un modelo económico viable!

No es el resultado electoral lo único que debería asustar a las partes en conflicto, sino lo radical que se están mostrando los ciudadanos en EE. UU. y en el mundo ante los temas mencionados. Hoy debe ser el día H, que, como aquel histórico día D, no significó el final per se del nazismo, pero sí el inicio de la esperanza razonable. Esperemos que Hillary celebre menos y reflexione más con su esperada victoria, pues no se trata sólo de las elecciones, ni solamente de EE.UU. sino del mundo.

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MUCHA O POCA DEUDA…

Por José Manuel Guzmán Ibarra

¿El país está sobreendeudado? Es un debate que se da en muchos países, pero en el nuestro parece imposible ponerse de acuerdo. Si nos llevamos de lo que leemos en la prensa, pareciera que no endeudarnos es mandatorio y necesario.

Lo fundamental en el tema del endeudamiento son cuatro cosas: a) El peso sobre el PIB: En muchos países, los niveles de endeudamiento medido contra el PIB es mayor al 90%; en RD es cercano al 38%. b) el porqué y para qué se da el endeudamiento; c) el perfil de deuda, en materia de plazos y tasas y d) el peso sobre el presupuesto nacional.

Veamos el porqué y el para qué: Un manejo adecuado de la deuda en moneda dura busca desde la perspectiva de la balanza comercial equilibrar el GAP existente en las exportaciones de bienes y servicios versus las obligaciones en divisas, incluyendo el propio servicio de la deuda. Es más que evidente que nuestras fuentes de ingresos en divisas, aunque robustas, dependen todavía de un mayor nivel de inversiones internacionales, y un mayor empuje en las exportaciones para llenar ese espacio entre los sectores que las generan y los que las demandan. Si permitiéramos un encarecimiento relativo de las importaciones, mediante una devaluación un poco mayor de nuestra moneda, ese GAP fuera menor. En todo caso, el financiamiento externo está llenando parte del GAP entre nuestros pagos y nuestros ingresos.

En otro orden, está el tema presupuestario. Desde el año 2000 a la fecha, el país se ha manejado con mayores o menores déficits fiscales. Aunque siempre hay un margen en un mejor y más efectivo manejo del gasto público, las presiones por el lado del gasto parecen ser estructurales. Pongamos de ejemplo el 4% del PIB en educación o las demandas salariales del sector salud. Un esquema en el cual la eficiencia del gasto sea prioridad no despeja la vocación estructural de nuestro déficit fiscal, vis a vis las crecientes demandas en mejoría de infraestructura, servicios y salarios en áreas tan sensibles como salud, educación y seguridad ciudadana. Este es un porqué. Queda claro que con una mayor recaudación fiscal el peso de la deuda y la necesidad de endeudamiento serían menores.

En cuanto al perfil de la deuda, se ha avanzado mucho en mejorar técnicamente las decisiones en su manejo, y especialmente en materia de la administración de los plazos y vencimientos. Todavía queda espacio para mitigar nuestro riesgo país, pero seguimos en un esquema donde los tipos de intereses internacionales son relativamente bajos, recibiendo buenos ratings de las calificadoras de riesgo.

Al parecer, si nos estamos endeudando mucho o poco, no es realmente el punto. La fiebre, como hemos visto, no está en el endeudamiento; hay temas estructurales que exigen algo más que una administración adecuada de la deuda. Si queremos debatir con seriedad, tenemos que hablar de una nueva ola de reformas estructurales; ahora que no son tan dolorosas y que podemos endeudarnos para pagarlas sin mayores sacrificios y ajustes.

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Por José Manuel Guzmán Ibarra

Un sorpresivo, aunque pírrico “no”, opacó la propaganda oficialista que había promovido el acuerdo de paz como algo seguro. El resultado ensombreció la apuesta política del Presidente colombiano Juan Manuel Santos y su secreto anhelo de sepultar políticamente a su antecesor -ahora crítico más acérrimo- Álvaro Uribe. Si no fuera por el oportuno premio Nobel de la Paz que le fuera otorgado, el presidente hubiera estado totalmente a merced de sus opositores. Eso es lo que se llama ser salvado por la campana.

El acuerdo de paz, no es la paz abstracta, es un documento político concreto, reflejo de un muy complejo proceso de negociaciones que se da en el marco de dos certezas: una para la guerrilla, conocedora del achicamiento de sus espacios bélicos para victorias tácticas y del debilitamiento de sus amigos regionales (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador) con mermado margen económico y político para apoyarles; dos, la certeza del gobierno que la derrota total de la guerrilla, aunque posible, no era cercana ni precisa. Estaba claro para ambos bandos que la decisión racional era pactar la paz. Ese pacto tenía que ser legítimo, y por eso se entiende el esfuerzo de concebirlo bajo concesiones que lo hicieran sostenibles, creíbles, aceptables por las partes y por los ciudadanos colombianos. En esto último estaba la verdadera filigrana.

Por un lado, la paz abstracta tiene desde el final de la II Guerra Mundial mejor prensa que la guerra, aun la misma sea “justa”, “inevitable” o “entendible”. Por otro, las víctimas y la creciente deslegitimación del modus operandi de las FARC (narcotráfico, violaciones, secuestros y terrorismo) junto con una constante y efectiva propaganda contra esos métodos, crearon en amplios sectores de la población colombiana un repudio que caló. De un lado, los que apuestan a un futuro sin guerra; del otro, los que sienten que la paz sin justicia no tiene valor. En el medio, un gobierno colombiano con apetitos de buena imagen, y unas FARC desprestigiadas necesitando la legitimidad democrática para blindar el acuerdo.

Y aquí el error de cálculo, en vez de apostarles a todas las reglas establecidas constitucionalmente defendiendo mayorías calificadas para un referéndum, decidieron cambiarlas. Hoy, el esperado resultado pírrico fue de signo contrario. El apetito por reconocimiento de Santos y la urgencia de legitimidad de las FARC trajeron estas prisas que provocaron estos lodos, y allí el oportunismo encontró la brecha y le sacó el máximo beneficio.

No creo que el proceso hubiera sido simple en ningún escenario. No creo que la paz tenga un solo camino. Creo que lo que los llevó a firmar el acuerdo sigue presente, por lo que no soy pesimista en que lo firmado u otro texto pudiera mantener la esperanza del cese permanente al enfrentamiento armado.

Ayuda que la comunidad internacional tenga activa paciencia. Les toca a los colombianos arreglar su largo entuerto. Ayuda que Colombia entienda que la justicia no sólo es la penal y que tiene otras formas, entre ellas el perdón, la inclusión social y la tolerancia… no haber entendido eso, fue lo que provocó estas cinco décadas de guerra.

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Por José Manuel Guzmán Ibarra

En mis tiempos de estudiante de economía, pensaba que esa ciencia serviría como un instrumento infalible de desarrollo. Predominaban las verdades incontestables en el cual con decir “el precio es la mejor señal de la relativa escasez de bienes y servicios” o que “el mercado era el mecanismo de asignación perfecto si se les dejaba actuar” ya tenías el debate ganado. Eran esos tiempos de una ideología predominante, la fe en los mercados, y en los que la izquierda descompuesta le quedaba un concepto con el cual tratar de defenderse: el neoliberalismo es pensamiento único.

El llamado consenso de Washington -ese pensamiento único- logró afianzarse por una razón básica: funcionó. No quiere decir que resolviera todos los problemas, ni siquiera que resolvió la mayor parte de ellos, pero los países que siguieron más estrictamente la receta, incluida RD, retomaron más rápidamente la senda de esa ilusión de desarrollo: el crecimiento económico. A pesar de eso, las explosiones sociales como lo fueron abril de 1984 en nuestro país, o el levantamiento armado en Chiapas del subcomandante Marcos en los 90, lograron sembrar la sensibilidad hacia la medición y mejora de políticas de distribución del ingreso, aunque fuese solo teóricamente. En esos días las cosas se movieron del tecnócrata puro y duro al político que prometía el uso de las herramientas de mercado para una sociedad más justa, pero siempre dentro del mantra de la estabilidad macro-económica.

Hoy, luego de varias crisis nacionales y mundiales originada paradójicamente en los mercados, la población y los mismos políticos empezaron a marcar distancia de las políticas económicas aceptadas como sanas, y ha ido imponiéndose una visión más ideologizada de la realidad social y económica. Las presiones migratorias, el desconocimiento de la historia (y por ende la incapacidad de los líderes de opinión y políticos de contextualizar históricamente lo sucedido), la pereza intelectual, y la ambición de poder junto con el perfeccionamiento de las técnicas de comunicación y electorales han sumergido a la humanidad en un oscurantismo sólo equiparable a los años que sucedieron la Gran Depresión del 1929 y que culminaron con la II Guerra Mundial.

Soledad Gallego-Díaz afirma que abundan los políticos que no se preocupan por la congruencia entre lo que dicen y la realidad. En el fragor de las contiendas nos hicieron creer que todo se vale, y del todo se vale en la guerra electoral pasamos al “todo se vale todo el tiempo”. Si bien la verdad nunca ha sido el centro del quehacer político, no menos cierto es que buscar imponer un adjetivo antes que un razonamiento, despreciar datos y hechos concretos ha creado algo peor que la simplificación ideológica propia de las luchas ideológicas del siglo XX y es el cinismo máximo en el que participan tanto gobernantes como opositores. El fenómeno de candidatos como Trump no son casos aislados.

A pesar de que hay razones para el pesimismo, creo que hay remedio. Mientras llegan mejores tiempos para el debate, ayuda que el ciudadano repela la simplificación, bloquee los adjetivos, y exija más al discurso de sus líderes. Y… que no olvide que no son sólo los gobiernos quienes tienen propensión a mentir, que la oposición puede igualmente querer derogar la verdad como espacio de entendimiento. Ya hemos visto lo que los mercados sin supervisión pueden hacer, pero también lo que los políticos de espaldas a la información pueden provocar.

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Por José Manuel Guzmán Ibarra

El día 9 de septiembre el presidente de la Junta Central Electoral, mediante nota de prensa, comunicó al país que el Departamento de Estado de los Estados Unidos le había notificado la revocación de las visas de sus pasaportes personal y oficial. Las políticas para la revocación o no otorgamiento de visado, en general, son de orden público; en las razones que aplican a un caso concreto, es su política no anunciarlo.

Lo que llama la atención es el interés que ha tenido el propio afectado en dar a conocer su nuevo estatus migratorio frente a los EE. UU. ¿Será que quiere apoyo del Estado dominicano para que sea reconsiderada esta decisión? ¿Será que quiere encarnarse como víctima de las presiones extranjeras? ¿Será que se ocupa en influir en la decisión del Senado que pronto se dispondrá a designar los jueces del tribunal electoral?

Creo que a los dominicanos nos debe preocupar más la eventual designación de jueces probos, técnicamente preparados y comprometidos con la transparencia, antes que convertir en una cruzada nacional la revocación de un privilegio. Los países soberanos, sean grandes o pequeños, fuertes o débiles, influyentes o dependientes, lo son en tanto actúan con madurez y respeto, primordialmente por sus propias leyes. Las poses de victimización dan una pésima señal para aquellos países que pretenden ser tomados en serio en la comunidad internacional. Es más que obvio que Roberto Rosario tiene maneras personales para recurrir el hecho ante las autoridades norteamericanas, y que dista mucho de ser una crisis diplomática.

Actuar con madurez es no dejarse arrastrar por un falso debate. La visa es una historia que responde a una forma muy particular del presidente de la JCE de manejarse con todo lo que tiene que ver con los temas públicos. Lo que es importante es evaluar si Roberto Rosario ha acumulado méritos institucionales para continuar en el cargo: ¿Ha usado los recursos del Estado de forma efectiva, transparente, legal? ¿Ha cumplido en letra y espíritu con las leyes de contrataciones? ¿Ha garantizado derechos fundamentales? ¿Ha organizado elecciones en las que su voz ha sido de autoridad por encima de la vocinglería típica de los certámenes electorales? ¿Ha fomentado métodos de gerencia modernas en la institución? ¿Ha sido flexible y conciliador ante los conflictos propios de un alto cargo público? ¿Ha actuado con la prudencia de Salomón, con el sentido de equidad y justicia? ¿Sus acciones públicas son estridentes o discretas? ¿Se sabe responsable ante la demanda de servicios y atención del ciudadano o se cree por encima de ellos?

Esas y otras preguntas directamente vinculadas con el mandato recibido por un funcionario del tribunal electoral son las que nos deberían ocupar. Las historias de visados, las estridencias mediáticas, y el no tener visa no son los temas de un país soberano, pujante y decidido a entrar con pantalones largos a la era de las instituciones fuertes, única verdadera garantía de soberanía. Con argumentos concretos, discutamos si el Senado debe ratificarlo en el puesto. No sea que por no ceder ante presiones extranjeras nos olvidemos que los países adultos son más fuertes ante las presiones externas.

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Por José Manuel Guzmán Ibarra

Lo que ocurre en el país más poderoso del mundo -aquí en el vecindario- es importante para RD; globalización más o globalización menos. La historia así lo demuestra: Desde inicios del siglo XX con la intervención del país, hubo de parte de los Estados Unidos un legado en infraestructura, por ejemplo, los trazados de caminos y carreteras; en el aspecto legal, el sistema Torrens de propiedad, en el cultural, nuestra afición al béisbol; o durante la Guerra Fría, acuerdos y marcos comerciales, como la cuota azucarera (1966-1978) o la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (1983), y más reciente el DR-CAFTA (2007). EEUU se encuentra ahora en una contienda electoral; vale la pena que le hagamos seguimiento a las elecciones de ese país.

Es razonable prever que la candidata por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, resultará triunfadora en noviembre. Resulta necesario que valoremos el conocimiento que tiene la candidata presidencial sobre nuestro país y la comunidad dominicana en los EE. UU., y aprovechemos el poder electoral que tienen los inmigrantes dominicanos en estados claves, como Florida y Nueva York, para activamente tratar de tener interlocutores en su eventual gobierno. Lo haremos posible siguiendo atentamente su discurso y propuestas de campaña, al mismo tiempo que desarrollemos estrategias internas y de relaciones exteriores para aprovechar aspectos positivos y minimizar los negativos de sus próximas políticas. En ese sentido, hay al menos tres temas de vital importancia para nosotros: El primero, el RD-Cafta; el segundo, las tensas relaciones con el estado haitiano y la innegable influencia que tiene en ese tema el lobby afro-americano y, el tercero, las políticas migratorias y sus derivados. En los tres temas, la candidata presidencial tiene ya ideas firmes.
En materia de libre comercio, la retórica electoral es adversa a los acuerdos. Hillary promete a los trabajadores norteamericanos endurecer los controles de cumplimiento con los países con los que EE. UU. tiene comercio, eso puede tener implicaciones concretas para RD en las áreas fitosanitarias, calidad de los productos, denominación de origen, temas impositivos y derechos laborales.

En cuanto al tema haitiano, son conocidas las relaciones que los Clinton tienen con ese país. Además, nos quejamos de la visión que tienen los influyentes lobistas afro-americanos sobre nuestro país y la delicada situación creada por la sentencia del Tribunal Constitucional. Valdría mucho la pena que pensemos con ecuanimidad e inteligencia las estrategias que estaremos siguiendo ante el triunfo de Hillary. En mi opinión, hay más oportunidades de las que los sectores nacionalistas quieren admitir; solo debemos aprovecharlas.

Finalmente, el tema migratorio en sí. La importancia es vital. Sólo en la ciudad de Nueva York es probable que haya más dominicanos -legales e ilegales- que en Santiago de los Caballeros. Los dominicanos ausentes son una fuente no sólo de remesas, sino también de turismo. Al tiempo, temas como los repatriados, o la implementación del FATCA y su particular impacto para los dominicanos de doble nacionalidad son parte de una agenda que, sin dudas, es mejor empezar a trabajarla con la actual candidata… antes de que ya sea presidente electa.

Lee este artículo publicado en el periódico HOY, República Dominicana.

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